La Justicia y la policía de Nicaragua iniciaron detenciones
y operativos contra personas que celebraron en redes sociales la captura de
Nicolás Maduro, ocurrida el 3 de enero en Caracas durante una operación militar
de Estados Unidos. Las medidas, activadas en distintas provincias y en Managua,
incluyen arrestos, vigilancia reforzada y órdenes a empleados públicos para
manifestar apoyo al chavismo, lo que reconfigura el clima político interno a
días del aniversario del régimen.
La reacción oficial del gobierno de Daniel Ortega y Rosario
Murillo fue inicialmente cautelosa, con un comunicado emitido horas después de
la detención de Maduro y sin anuncios diplomáticos concretos. En paralelo,
medios nicaragüenses y periodistas en el exilio reportaron instrucciones
internas a trabajadores estatales para publicar mensajes de respaldo al
exmandatario venezolano, bajo advertencias explícitas de que el silencio sería
considerado deslealtad. Estas directivas se inscriben en un patrón de control
del discurso público que el gobierno ha profundizado en los últimos años.
Según reportes periodísticos, al menos 15 personas fueron
arrestadas en Chontales por manifestaciones en redes vinculadas a la captura de
Maduro, y se registró la detención de un periodista por comentarios públicos
sobre el hecho. Organizaciones y plataformas informativas denunciaron
secuestros temporales y patrullajes conjuntos de fuerzas policiales y
militares, además del despliegue de inteligencia y contrainteligencia en
barrios e instituciones. La exigencia de adhesión pública afecta de manera
directa a docentes, empleados municipales y funcionarios, que enfrentan
sanciones administrativas y penales.
El refuerzo del control coincide con la convocatoria
oficial a marchas por el 19° aniversario del gobierno Ortega-Murillo, previstas
para el 10 de enero. En el corto plazo, se espera una continuidad de la
vigilancia y de las presiones sobre la expresión en redes, mientras la
evolución del proceso judicial de Maduro en Estados Unidos podría seguir
influyendo en la política regional y en la respuesta de gobiernos aliados. Las
decisiones del Ejecutivo nicaragüense en materia de seguridad interna serán
clave para medir la estabilidad y el alcance de la actual ofensiva.
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