Dos tormentas invernales de alta intensidad, denominadas
Goretti y Elli, afectaron de manera simultánea a amplias regiones de Europa y
obligaron a las autoridades a activar alertas rojas, cerrar escuelas y
suspender servicios de transporte, en un episodio climático que alteró la vida
cotidiana y puso bajo presión a infraestructuras clave del continente.
El temporal se desarrolló a comienzos de enero, en plena
temporada invernal europea, pero con características que los servicios
meteorológicos calificaron como excepcionales. En el Reino Unido, Francia y
Alemania, la combinación de vientos extremos, lluvias persistentes y nevadas
intensas respondió a una rápida caída de la presión atmosférica en el
Atlántico, conocida como ciclogénesis explosiva. Este tipo de fenómenos, cada
vez más frecuentes según especialistas, se inscribe en un contexto de mayor volatilidad
climática asociada al calentamiento global.
En el Reino Unido, la Oficina Meteorológica emitió
advertencias rojas en zonas del suroeste por ráfagas de hasta 160 kilómetros
por hora, mientras medio millón de personas recibió alertas de emergencia en
sus teléfonos móviles. Se registraron cierres masivos de escuelas, evacuaciones
preventivas y cancelaciones ferroviarias sin servicios alternativos.
Francia activó alertas en alrededor de treinta
departamentos, con recomendaciones oficiales para limitar desplazamientos y
asegurar provisiones básicas ante posibles cortes de electricidad.
En Alemania, la tormenta Elli impactó con fuerza en el
norte del país: ciudades como Hamburgo y Bremen suspendieron clases y el
transporte público operó con fuertes restricciones. El servicio ferroviario
alemán desplegó más de 14.000 trabajadores para despejar vías, mientras
hospitales y servicios esenciales activaron planes de contingencia. Las
previsiones oficiales indicaron nevadas de hasta 15 centímetros y temperaturas
que podrían descender hasta los -20 grados.
Los servicios meteorológicos anticiparon que los efectos
del temporal se extenderán durante varios días, con nuevas nevadas previstas
hasta el inicio de la próxima semana en el norte europeo. Aunque no se esperan
fenómenos de igual intensidad inmediata, las autoridades mantienen dispositivos
de emergencia activos y advierten sobre riesgos persistentes en rutas, redes
eléctricas y sistemas de transporte. El episodio reavivó el debate sobre la
adaptación de las infraestructuras europeas frente a eventos climáticos
extremos cada vez más frecuentes y difíciles de prever.
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