La Unión Europea aprobó el acuerdo comercial con el
Mercosur, luego de más de 25 años de negociaciones, al alcanzar una mayoría
cualificada entre sus 27 Estados miembros durante una reunión de embajadores en
Bruselas. La decisión habilita la firma política del tratado y abre el tramo
final de ratificación institucional, con impacto directo sobre el comercio
exterior de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.
Las negociaciones entre la Comisión Europea y el Mercosur
comenzaron en 1999 y atravesaron décadas de avances parciales, bloqueos
políticos y resistencias sectoriales, especialmente en Europa. Francia,
Irlanda, Polonia y otros países manifestaron su oposición hasta último momento
por el posible impacto en sus economías agrícolas. Aun así, el respaldo de una
mayoría permitió destrabar un acuerdo que apunta a crear la mayor zona de libre
comercio del mundo, con más de 700 millones de consumidores y la eliminación de
aranceles sobre más del 90% del intercambio bilateral.
El aval permite que la presidenta de la Comisión Europea,
Ursula von der Leyen, viaje el lunes a Asunción para rubricar el texto con los
mandatarios del Mercosur. Sin embargo, el tratado no entrará en vigor de
inmediato: del lado europeo resta la aprobación del Parlamento Europeo, donde
el escenario aparece dividido y un grupo de eurodiputados anticipó posibles
acciones judiciales.
Para el Mercosur, y en particular para Argentina, el
acuerdo abre una ampliación significativa del acceso al mercado europeo para
productos agroindustriales como carne, soja, arroz, miel y etanol, aunque con
cupos y salvaguardas. A cambio, la Unión Europea espera incrementar sus
exportaciones de vehículos, maquinaria, bienes industriales, vinos y quesos.
En Europa, el sector agropecuario expresó su preocupación
por la competencia de productos sudamericanos con costos más bajos y estándares
productivos distintos. Para mitigar ese impacto, la Comisión Europea incorporó
cláusulas de protección, límites a los volúmenes importados y mecanismos de
intervención automática si se detectan distorsiones de precios superiores al
8%. También se avanzó en regulaciones más estrictas sobre residuos de
pesticidas en importaciones.
El próximo paso clave será el debate en el Parlamento
Europeo, que deberá pronunciarse en las próximas semanas. Allí, el acuerdo
podría enfrentar objeciones políticas, ambientales y judiciales. En paralelo,
los países del Mercosur deberán adaptar marcos regulatorios y estrategias
productivas para aprovechar el acceso preferencial al mercado europeo. Si el
proceso avanza sin bloqueos, el tratado marcará un cambio estructural en las
relaciones comerciales entre ambos bloques y redefinirá el posicionamiento externo
de la Argentina en un escenario global atravesado por tensiones comerciales y
reconfiguración de alianzas.
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