El anuncio de liberación de presos políticos realizado el
jueves por el nuevo gobierno de transición de Venezuela abrió una expectativa
inmediata entre familiares y organizaciones de derechos humanos, pero la falta
de precisiones y el bajo número de excarcelaciones efectivas, registradas hasta
la noche del viernes 9 de enero de 2026, profundizaron la incertidumbre frente
a las cárceles donde permanecen detenidos opositores al poder.
La medida fue comunicada como parte de las primeras
decisiones de la presidenta de transición Delcy Rodríguez, quien asumió tras el
derrocamiento de Nicolás Maduro, capturado el 3 de enero en una operación
militar de Estados Unidos y trasladado a Nueva York para enfrentar un juicio
por narcotráfico. El gobierno informó la liberación de “un número importante”
de detenidos por razones políticas, sin detallar cifras ni plazos.
Organizaciones no gubernamentales estimaron que, casi 30
horas después del anuncio, solo se concretaron entre ocho y 11 excarcelaciones,
entre ellas las de los dirigentes opositores Enrique Márquez y Biagio Pilieri,
además de la activista Rocío San Miguel y otros cuatro ciudadanos españoles que
fueron trasladados a Madrid.
La brecha entre el anuncio oficial y los resultados
visibles tuvo un impacto inmediato en los familiares, que se concentraron
frente a centros de detención emblemáticos como la cárcel de Rodeo I, en
Guatire, y El Helicoide, en Caracas. Allí, decenas de personas aguardaron
durante horas sin confirmaciones formales sobre listas, órdenes judiciales o
fechas concretas.
Según el Comité por la Libertad de los Presos Políticos, en
Venezuela permanecen detenidas alrededor de 1.200 personas por causas
vinculadas a la disidencia política, mientras que Foro Penal contabiliza 806
presos políticos, incluidos 175 militares. En numerosos casos, los familiares
denuncian desconocer el paradero exacto o el estado de salud de los detenidos.
El anuncio también fue leído en clave internacional. La
Casa Blanca sostuvo que el gesto del nuevo gobierno refleja la influencia de la
administración de Donald Trump en el escenario posterior al cambio de poder en
Caracas, aunque en el terreno el proceso avanza con lentitud y sin comunicación
oficial sistemática.
En los próximos días se espera que el gobierno de
transición defina un mecanismo claro de excarcelaciones, con listados
verificables y coordinación judicial. Organismos de derechos humanos advierten
que, sin información transparente, la expectativa puede transformarse en mayor
tensión social. La continuidad del proceso será observada de cerca tanto por
actores internos como por la comunidad internacional, que evalúa estas
decisiones como un primer indicador del rumbo institucional del país tras la
salida de Maduro.
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