El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una
advertencia directa al régimen de Irán al señalar que su país podría adoptar
represalias si las fuerzas de seguridad iraníes reprimen de manera letal las
protestas que se multiplican desde fines de diciembre, en un contexto de crisis
económica, disturbios generalizados y un saldo creciente de muertos y
detenidos.
Las manifestaciones comenzaron el 28 de diciembre en
Teherán, impulsadas por el aumento del costo de vida, la inflación persistente
y el desplome del rial. Lo que inicialmente fueron reclamos económicos se
transformó rápidamente en un movimiento de alcance nacional, con protestas
registradas en al menos 25 de las 31 provincias del país. La extensión
territorial y la participación de sectores sociales diversos marcan una
diferencia respecto de episodios anteriores y vuelven a poner en tensión la
capacidad del régimen para controlar la disidencia.
La reacción de Trump se inscribe en una relación
históricamente conflictiva entre Washington y Teherán, atravesada por sanciones
económicas, disputas por el programa nuclear iraní y enfrentamientos indirectos
en Medio Oriente. En ese marco, cualquier declaración presidencial adquiere un
peso estratégico que excede el plano retórico.
Según cifras oficiales iraníes, al menos 21 personas
murieron desde el inicio de las protestas, incluidos manifestantes y miembros
de las fuerzas de seguridad. Organizaciones de derechos humanos y grupos
opositores en el exilio elevan ese número a alrededor de 45 fallecidos, aunque
la falta de acceso de observadores independientes, las restricciones a la
prensa extranjera y los cortes intermitentes de internet dificultan la
verificación de los datos.
Las amenazas de Trump agregan presión internacional sobre
un régimen ya cuestionado por el uso de la fuerza para contener las
movilizaciones. En Europa, varios gobiernos reclamaron a Teherán que garantice
el derecho a la protesta pacífica y la libertad de información, mientras que
organizaciones como Amnistía Internacional denunciaron detenciones arbitrarias
y uso excesivo de la fuerza.
Por el momento, no hay señales concretas de que Estados
Unidos prepare una acción inmediata contra Irán. Sin embargo, el mensaje de
Trump refuerza un escenario de alta tensión, en el que la respuesta del régimen
iraní será clave para definir la evolución de la crisis. Una represión más dura
podría profundizar el aislamiento internacional de Teherán y reavivar debates
sobre sanciones adicionales, mientras que una apertura al diálogo aparece, por
ahora, como una opción lejana. En un contexto de fragilidad económica y
malestar social extendido, las próximas decisiones del poder político iraní
serán determinantes para evitar una escalada aún mayor.
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