Francia vivió una nueva jornada de protestas y huelgas que
expuso el malestar social por la pérdida del poder adquisitivo y el deterioro
de los servicios públicos. Las movilizaciones reunieron, según el Ministerio
del Interior, a unas 600.000 personas en todo el país, mientras que los
sindicatos calcularon una participación de 1,6 millones.
La convocatoria representó un repunte respecto de las
manifestaciones anteriores del otoño europeo y volvió a poner presión sobre el
Gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu, que anunció una reunión con
representantes sindicales y organizaciones empresariales para el próximo lunes.
Dos cifras muy diferentes sobre la convocatoria
La distancia entre los registros oficiales y los gremiales
marcó el balance de la jornada. Mientras las autoridades contabilizaron al
menos 600.000 manifestantes, las organizaciones sindicales elevaron la cifra a
1,6 millones, con unas 350.000 personas concentradas en París.
La participación estimada por los sindicatos se acercó a
los niveles alcanzados durante las grandes movilizaciones de 2023 contra la
reforma previsional. También superó ampliamente los 450.000 asistentes que esas
organizaciones habían calculado para la protesta del 6 de octubre.
Por el momento, las autoridades no reportaron incidentes
graves vinculados con las marchas. El escenario se desarrolló bajo la atención
de las fuerzas de seguridad, luego de los episodios de violencia urbana
registrados el 17 de octubre, cuando fueron saqueados al menos 3.000 comercios
y se incendiaron edificios públicos, entre ellos la sede del Ayuntamiento de
Limoges.
Lecornu convocó a sindicatos y empresarios
La respuesta del Gobierno llegó a través del anuncio de una
reunión para el lunes en Matignon, sede del Ejecutivo francés. Lecornu convocó
a los sindicatos y a las organizaciones empresariales a una conferencia social
para discutir los reclamos vinculados con los salarios y el poder adquisitivo.
Los gremios reclamaron una mejora inmediata del salario mínimo y cuestionaron las restricciones impuestas por las autoridades a los recorridos previstos para algunas manifestaciones.
En París, la movilización principal avanzó desde la Plaza
de la República hasta la Plaza de la Nación. La secretaria general de la CFDT,
Marylise Léon, cuestionó las dificultades para organizar la protesta y afirmó:
“nunca había habido tantas dificultades para organizar una manifestación”.
La dirigente también consideró que las restricciones
oficiales representaban “un signo de libertad muy malo”. El recorrido
inicialmente solicitado por los organizadores, entre la Plaza de la Bastilla y
la Plaza de la Concordia, fue rechazado por atravesar sectores próximos a
instituciones centrales del poder político, como el Palacio del Elíseo y la
Asamblea Nacional.
El impacto de la huelga en escuelas,
universidades y turismo
La medida de fuerza tuvo consecuencias en distintos
sectores. De acuerdo con datos del Gobierno, cerca del 30% de las universidades
resultaron afectadas y aproximadamente el 20% de los maestros de escuelas
primarias se sumaron al paro.
En los liceos, en cambio, el nivel de adhesión fue menor
que en otras instituciones educativas. Educación informó que 80
establecimientos permanecieron bloqueados, equivalentes al 2,2% del total,
mientras que los sindicatos sostuvieron que la cifra se acercó a los 1.000
centros sobre un universo de 3.700.
El turismo también sintió los efectos de la jornada. La
Torre Eiffel cerró sus puertas al público, algunas salas del Museo del Louvre
no recibieron visitantes y el Museo de Orsay redujo su horario de
funcionamiento.
La disputa política también se trasladó a las
calles
Las protestas se desarrollaron a menos de seis meses de las
elecciones presidenciales previstas para 2027, un contexto que sumó tensión
política a los reclamos sociales.
Uno de los episodios más comentados fue la participación
del socialdemócrata Raphaël Glucksmann, respaldado por el Partido Socialista.
El eurodiputado debió retirarse de la manifestación parisina después de ser
increpado y bloqueado, en un incidente atribuido presuntamente a militantes de
La Francia Insumisa, la fuerza vinculada con Jean-Luc Mélenchon.
Glucksmann mantiene diferencias con ese espacio y sostiene
que su proyecto político no contempla acuerdos con La Francia Insumisa. La
tensión entre ambos sectores ya había quedado expuesta en octubre, cuando el
dirigente socialista fue rociado con harina durante un acto.
La convocatoria dejó en evidencia que los reclamos
económicos y laborales siguen siendo un desafío para el Ejecutivo francés. La
reunión del lunes será una primera instancia para evaluar posibles respuestas,
aunque la continuidad de las movilizaciones dependerá de los resultados de ese
diálogo y de la evolución del conflicto salarial.
#Francia #Protestas #Huelga #Sindicatos #GobiernoFrancés




