Francia atravesó ayer una nueva jornada de movilizaciones
que derivó en enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad en
París, Marsella, Lyon, Rennes, Nantes y Toulouse. El Ministerio del Interior
informó que hubo más de 290 detenidos.
Aunque buena parte de las concentraciones se desarrolló sin
incidentes, los disturbios se intensificaron al finalizar los recorridos. La
Policía utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a grupos
que se negaban a abandonar las calles.
La movilización fue la tercera consecutiva de un fin de
semana en el país y estuvo impulsada por sindicatos y organizaciones
estudiantiles que cuestionan el aumento del costo de vida y el deterioro de los
servicios públicos.
Diferencias en las cifras de manifestantes
La cantidad de participantes fue motivo de discrepancia
entre las organizaciones convocantes y las autoridades. La coalición de
sindicatos y agrupaciones juveniles calculó que casi 500.000 personas salieron
a las calles en todo el territorio francés, con unas 200.000 en París.
En cambio, el Ministerio del Interior y la Prefectura de
Policía estimaron una concurrencia de alrededor de 320.000 manifestantes en el
país, de los cuales 70.000 se concentraron en la capital.
La agencia AFP informó que durante los enfrentamientos
algunos participantes utilizaron martillos para arrancar adoquines y arrojarlos
contra los efectivos. También se lanzó al menos un artefacto incendiario contra
las fuerzas de seguridad.
Un operativo de seguridad con 70.000 agentes
La principal marcha de París comenzó en la Puerta de
Bagnolet, en el extremo este de la ciudad. El recorrido fue limitado por las
autoridades para reducir el riesgo de nuevos incidentes.
La decisión llegó después de que el Consejo de Estado
francés respaldara la postura del Gobierno y de la Prefectura de Policía, que
se habían opuesto a un trayecto más céntrico entre las plazas de la Bastilla y
de Nación.
Los sindicatos estudiantiles cuestionaron las restricciones
y sostuvieron que buscan debilitar las movilizaciones sin atender los reclamos.
Manon Moret, secretaria general de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia
(Unef), advirtió: “Si el Gobierno sigue negándose a hacer algo al respecto,
sigue haciendo oídos sordos y se niega a responder a las reivindicaciones de
los jóvenes, seguirá siendo objeto de movilizaciones”.
También hubo críticas desde el movimiento de los chalecos
amarillos. David Libeskin, abogado y uno de sus portavoces nacionales, calificó
las limitaciones como “una restricción desproporcionada de la libertad de
manifestación”.
El despliegue incluyó policías, gendarmes, unidades
móviles, vehículos blindados, drones y helicópteros. En total, el Gobierno
dispuso la participación de unos 70.000 agentes en todo el país.
Saqueos, restricciones y temor a nuevos
incidentes
La preocupación de las autoridades se relaciona también con
los episodios registrados durante las protestas del 17 de octubre, cuando, de
acuerdo con el ministro del Interior, Laurent Nuñez, fueron saqueados unos
3.000 comercios.
Ante el riesgo de nuevos ataques, se cerraron alrededor de
40 estaciones de metro durante la jornada en París y se realizaron controles a
pasajeros tanto en la capital como en sus alrededores. Numerosos locales
comerciales y entidades bancarias protegieron sus escaparates con paneles de
madera.
Además, se establecieron restricciones nocturnas en
sectores como la plaza de la República y el área comercial de Châtelet-Les
Halles. En varios barrios, los menores que no estuvieran acompañados por un
adulto responsable tenían prohibido circular desde las 21.
El Gobierno también manifestó preocupación por
convocatorias difundidas en redes sociales que, según las autoridades,
alentaban a provocar disturbios y saqueos durante las celebraciones de
Halloween.
Los sindicatos preparan nuevas medidas de
fuerza
Las organizaciones estudiantiles anticiparon que retomarán
los bloqueos cuando se reanuden las clases, luego de las dos semanas de
vacaciones de Todos los Santos. La intención es reorganizar las protestas a
partir del martes y concentrar la participación en la huelga general convocada
para el 5 de noviembre.
La continuidad de las movilizaciones dependerá de la
respuesta del Gobierno francés a los reclamos vinculados con el costo de vida,
la educación y los servicios públicos. Mientras tanto, las autoridades
mantienen un dispositivo de seguridad reforzado ante la posibilidad de nuevos
episodios de violencia.
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