Organizaciones de derechos humanos denunciaron en las
últimas horas que el régimen de Irán habría asesinado a más de 500
manifestantes y detenido a más de 10.600 personas durante dos semanas de
protestas masivas, iniciadas a fines de diciembre, en un contexto de represión
intensificada y restricciones casi totales a internet y las comunicaciones.
Según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos
Humanos (HRANA, por sus siglas en inglés), con sede en Estados Unidos, hasta el
11 de enero de 2026 se registraron al menos 538 muertes, de las cuales 490
corresponderían a civiles y 48 a miembros de las fuerzas de seguridad. La
organización, que ha sido considerada una fuente consistente en episodios
previos, indicó que los datos provienen de redes internas de informantes y
verificación cruzada dentro de Irán.
Las protestas comenzaron hace 15 días como rechazo al
aumento del costo de vida, pero rápidamente derivaron en un cuestionamiento más
amplio al sistema teocrático instaurado tras la revolución de 1979. El
estallido social se produce pocos meses después de la guerra de 12 días entre
Israel e Irán, en junio de 2025, un conflicto que dejó al país en una situación
económica y política aún más frágil.
El apagón de internet, que ya supera las 60 horas según la
organización NetBlocks, dificulta la verificación independiente de las cifras y
limita la capacidad de comunicación de la población. Otras entidades, como el
Centro para los Derechos Humanos en Irán (CHRI), también informaron relatos
coincidentes sobre el uso de munición real, disparos dirigidos al rostro y
hospitales desbordados, con escasez de sangre y personal médico.
En el plano político, el gobierno iraní reconoció
detenciones “significativas” sin precisar cifras ni identidades. El presidente
Masud Pezeshkian y altos funcionarios de seguridad atribuyeron las protestas a
“alborotadores” y a la injerencia de enemigos externos, mientras que el
Parlamento advirtió que un eventual ataque militar extranjero tendría respuesta
contra intereses de Estados Unidos e Israel. La represión afecta principalmente
a sectores urbanos, comerciantes, estudiantes y trabajadores, en un contexto de
inflación acelerada y caída del poder adquisitivo.
La continuidad de las protestas, pese a la censura y la
violencia estatal, plantea un escenario abierto. La presión internacional
podría intensificarse, con pedidos desde Israel para que la Unión Europea
declare terrorista al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria y llamados del
Vaticano al diálogo. Al mismo tiempo, el endurecimiento del control interno y
el bloqueo informativo elevan el riesgo de nuevas víctimas y de un aislamiento
mayor del país, mientras no se vislumbra una respuesta política que canalice las
demandas sociales de fondo.
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