El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que
Venezuela dejará de enviar petróleo y recursos financieros al régimen de Cuba,
tras la captura del ex mandatario Nicolás Maduro. El mensaje, difundido a
través de Truth Social, introduce un giro central en la relación triangular
entre Washington, Caracas y La Habana, con efectos directos sobre la ya frágil
situación económica y energética de la isla.
Durante más de dos décadas, Cuba sostuvo gran parte de su
abastecimiento energético gracias a un acuerdo con Venezuela, iniciado en 2000
bajo el gobierno de Hugo Chávez y mantenido durante los mandatos posteriores. A
cambio de petróleo subsidiado, La Habana aportó personal médico, educativo y de
seguridad. Sin embargo, ese esquema se fue debilitando en los últimos años por
el deterioro de la industria petrolera venezolana y las sanciones
internacionales. Según estimaciones sectoriales, los envíos cayeron de más de
100.000 barriles diarios en 2021 a unos 16.000 en 2025, un volumen insuficiente
para cubrir la demanda interna cubana.
La decisión anunciada por Trump profundiza la crisis
energética que atraviesa Cuba, marcada por cortes diarios de electricidad y una
infraestructura obsoleta. El propio gobierno cubano reconoció la dependencia
histórica del crudo venezolano, que llegó a cubrir cerca del 80% de sus
necesidades. En paralelo, La Habana buscó diversificar proveedores: México
incrementó sus exportaciones de crudo y derivados en 2025, con envíos valuados
en unos 400 millones de dólares. El anuncio estadounidense introduce presión
adicional sobre esos acuerdos y podría alterar el equilibrio diplomático
regional, en particular para el gobierno mexicano.
En el corto plazo, Cuba enfrenta el desafío de asegurar
suministros energéticos estables en un contexto de restricciones financieras y
mayor aislamiento. Analistas advierten que, sin el respaldo venezolano, la isla
podría quedar expuesta a un escenario de mayor fragilidad económica y social.
Para Estados Unidos, el fin del flujo petrolero busca consolidar un nuevo
esquema de influencia en Venezuela y acelerar cambios políticos en La Habana.
El rumbo que adopten los socios regionales y la capacidad cubana para encontrar
fuentes alternativas serán determinantes en las próximas semanas.
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