Miles de iraníes continuaron movilizándose anoche (hora
argentina) en distintas ciudades del país, a dos semanas del inicio de
protestas contra el régimen teocrático, pese al apagón casi total de internet y
a una represión que organizaciones y referentes opositores califican como
creciente y sistemática.
Las manifestaciones comenzaron a fines de diciembre,
impulsadas inicialmente por comerciantes y sectores urbanos afectados por la
prolongada crisis económica, la inflación y la pérdida de poder adquisitivo.
Con el correr de los días, las protestas se extendieron a Teherán y a otras
grandes ciudades, transformándose en el mayor desafío al poder político desde
las revueltas de 2022. El régimen, encabezado por el ayatolá Ali Jamenei,
respondió con un fuerte despliegue de fuerzas de seguridad y con la interrupción
de las comunicaciones digitales en todo el territorio.
Según la organización Netblocks, Irán lleva más de 36 horas
prácticamente incomunicado, una medida que limita la circulación de información
y dificulta la verificación independiente de los hechos. Cineastas y disidentes
como Mohamad Rasulof y Jafar Panahi advirtieron que el bloqueo busca ocultar la
violencia estatal durante los operativos de control.
La continuidad de las protestas, aun bajo censura, refuerza
el carácter sostenido del descontento social. Referentes opositores en el
exilio, como Reza Pahlavi, llamaron a concentrar las manifestaciones en centros
urbanos estratégicos, mientras que la premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi
alertó sobre el riesgo de una represión masiva amparada en el apagón
informativo.
En el plano internacional, la crisis volvió a tensar las
relaciones de Irán con Estados Unidos. El presidente Donald Trump afirmó este
sábado que su país “está listo” para ayudar al pueblo iraní, una declaración
que se suma al respaldo expresado por el secretario de Estado, Marco Rubio.
Estas señales elevan la presión externa sobre Teherán y reavivan un escenario
de confrontación diplomática.
En el corto plazo, el curso de las protestas dependerá de
la capacidad del régimen para sostener el control territorial y comunicacional,
y de la respuesta social frente a la represión. Un endurecimiento de las
medidas de seguridad podría reducir la visibilidad de las manifestaciones sin
resolver sus causas de fondo. A nivel externo, un mayor involucramiento
retórico de Washington y de organismos internacionales podría derivar en nuevas
sanciones o en debates en foros multilaterales, mientras persiste la incertidumbre
sobre la estabilidad política del país.
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