Estados Unidos comenzó a reducir su presencia militar en el
Caribe tras la captura de Nicolás Maduro, al reubicar buques de guerra y
retirar parte de sus aeronaves desplegadas en la región, según confirmaron
funcionarios de defensa. El movimiento, iniciado a comienzos de enero, marca un
cambio operativo luego de una de las acciones militares más relevantes de
Washington en América Latina en las últimas décadas.
Durante los meses previos a la captura de Maduro, la
administración de Donald Trump reforzó de manera sostenida su presencia naval y
aérea en el Caribe. El despliegue incluyó al buque de asalto anfibio USS Iwo
Jima, al USS San Antonio y, posteriormente, al portaaviones USS Gerald R. Ford,
trasladado desde aguas europeas. El objetivo declarado fue respaldar
operaciones de seguridad regional y presionar al gobierno venezolano, en un
contexto de sanciones energéticas y acusaciones por narcotráfico. La captura del
líder venezolano, ejecutada con apoyo de fuerzas especiales estadounidenses,
cerró ese capítulo operativo inmediato.
La reubicación del Iwo Jima y del San Antonio hacia aguas
al norte de Cuba, junto con el retiro de aeronaves clave de la Fuerza Aérea,
reduce el número de tropas estadounidenses en el Caribe a unas 12.000. También
implica un alivio logístico y presupuestario para el Pentágono, que enfrenta
múltiples frentes de seguridad global. Para América Latina, el repliegue
parcial atenúa la percepción de una escalada militar permanente, aunque
mantiene bajo supervisión a la región energética venezolana, especialmente su
infraestructura petrolera.
Funcionarios estadounidenses indicaron que los buques
seguirán asignados al Comando Sur y podrían regresar al Caribe si la situación
lo requiere. La Casa Blanca no descartó un despliegue terrestre limitado y
temporal en Venezuela, enfocado en seguridad estratégica. En el plano
diplomático, el ajuste militar abre interrogantes sobre el próximo paso de
Washington: una estabilización prolongada, nuevas sanciones o una combinación
de presión política y presencia selectiva. La evolución dependerá tanto del escenario
interno venezolano como de las prioridades globales de Estados Unidos en 2026.
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