El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, suspendió la
aplicación de nuevas sanciones contra Rusia y dispuso una pausa para analizar
las consecuencias que tendrían sobre la economía estadounidense y los mercados
internacionales. El secretario de Estado, Marco Rubio, explicó que el Gobierno
utilizará un período de 60 días para evaluar los posibles efectos de las
restricciones y los aranceles.
La decisión dejó en suspenso un paquete de medidas aprobado
por el Congreso para limitar los recursos que Rusia destina a sostener la
guerra contra Ucrania. La iniciativa contemplaba sanciones contra funcionarios,
entidades financieras y sectores vinculados con la actividad energética rusa,
además de posibles aranceles a países que compren petróleo y gas de Moscú.
Rubio explicó por qué Washington frenó las
medidas
Antes de iniciar una gira por Uzbekistán e India, Rubio
sostuvo que la administración Trump necesita estudiar las consecuencias
económicas de aplicar las penalidades.
“El presidente quiere tomar el período de 60 días para
analizar en cierto modo qué significará imponer tanto sanciones como aranceles
para la economía mundial, e incluso para la economía estadounidense”, declaró
el funcionario.
La explicación apunta a determinar si las medidas podrían
provocar efectos adversos para Estados Unidos y sus socios comerciales. El
paquete también alcanzaba a países que mantienen vínculos energéticos con
Rusia, por lo que su aplicación podía extender las consecuencias más allá del
conflicto entre Moscú y Kiev.
Qué medidas quedaron en suspenso
La legislación, conocida como Ley Lindsey Graham,
habilitaba al Gobierno estadounidense a imponer aranceles de hasta el 100% a
los principales compradores de petróleo y gas rusos, entre ellos China e India.
También preveía sanciones contra Vladímir Putin, funcionarios rusos, entidades
financieras, el sector de Defensa y buques petroleros utilizados para eludir
restricciones occidentales.
Trump firmó la orden ejecutiva antes de que el nuevo
paquete entrara en vigor. En el documento, justificó la decisión por el
“interés nacional” de Estados Unidos y dispuso dejar sin aplicación varias de
las penalidades contempladas en la norma.
La suspensión no elimina las sanciones anteriores contra
Moscú. Las exenciones permanecerán vigentes hasta que el presidente o las
autoridades correspondientes determinen si corresponde avanzar con nuevas
medidas.
El acuerdo energético con Moscú y las críticas
de Ucrania
La decisión se conoció después de que Trump anunciara un
acuerdo con el presidente ruso, Vladímir Putin, para que Rusia suministre
diésel destinado a los mercados estadounidense e internacional. La Casa Blanca
busca aliviar los precios de la energía, que representan una preocupación
económica y política para Washington.
El giro generó cuestionamientos porque los ingresos
derivados de las exportaciones energéticas rusas podrían contribuir a financiar
la guerra contra Ucrania. Además, la medida se produce en medio de un deterioro
de la relación entre Trump y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.
Zelenski cuestionó la suspensión y sostuvo que la ley debía
ejercer una presión efectiva sobre Moscú para poner fin al conflicto. “Esa ley
podría haber ayudado enormemente, ¡y todavía puede!”, expresó al referirse a
las sanciones que quedaron frenadas.
Rusia celebró la decisión y crece la tensión
política en Washington
Desde el Kremlin, Kirill Dmitriev, emisario de Putin,
calificó la decisión como “un momento importante y realmente histórico”. La
reacción contrastó con las críticas de legisladores estadounidenses de ambos
partidos, que cuestionaron el impacto de la medida sobre la estrategia de
presión contra Rusia.
El senador republicano Thom Tillis la describió como “más
que irresponsable”, mientras que Ted Cruz consideró que suspender las sanciones
había sido “un error”. Desde la oposición demócrata, el líder del Senado, Chuck
Schumer, afirmó que Trump le había dado a Putin “el mejor regalo de cumpleaños
que recibirá este año”.
El debate también está atravesado por las elecciones
legislativas de medio mandato previstas para el 3 de noviembre en Estados
Unidos. La suba de los combustibles y el costo de la energía se convirtieron en
temas sensibles para el Gobierno republicano, que busca conservar su mayoría en
el Congreso.
Durante los próximos 60 días, la administración Trump
deberá evaluar el alcance económico de las sanciones y los aranceles antes de
definir los pasos siguientes. La decisión será observada de cerca por Ucrania,
Rusia y los países que mantienen vínculos comerciales con Moscú, ante la
posibilidad de que un cambio en la política estadounidense altere tanto las
negociaciones de paz como los mercados energéticos internacionales.
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