Ucrania llevó la guerra hasta una de las zonas más alejadas
del territorio ruso. Un dron alcanzó en las últimas horas una instalación de
gas en Novy Urengoy, en el Ártico, en un ataque que marcó un nuevo récord de
distancia desde el comienzo de la invasión.
El objetivo se encuentra entre 2.800 y 3.300 kilómetros de
la frontera ucraniana, en una región cubierta por tundra y atravesada por una
extensa red de gasoductos.
El gobernador de Yamalo-Nenets, Dmitri Artiujov, confirmó
el episodio y aseguró que las defensas rusas lograron repeler el ataque. Sin
embargo, reconoció que los restos del aparato provocaron un incendio dentro de
la instalación.
No se registraron víctimas y los trabajadores fueron
evacuados como medida preventiva.
Un ataque contra una de las principales zonas
gasíferas de Rusia
La planta afectada cuenta con una capacidad estimada de
procesamiento de 19,5 millones de toneladas de gas condensado por año. La
ubicación del blanco le otorga además una importancia estratégica para la
infraestructura energética rusa.
Artiom Zhoga, representante del Kremlin en el distrito
federal de los Urales, describió el episodio como el primer ataque registrado
desde el inicio de la invasión contra “la parte ártica del distrito federal de
los Urales”.
La región de Yamalo-Nenets concentra aproximadamente el 80%
de la producción de gas natural de Rusia, de acuerdo con estimaciones citadas
por el medio de investigación ruso Agentstvo.
El área también está relacionada con el futuro gasoducto
Fuerza de Siberia 2, un proyecto destinado a transportar gas ruso hacia China.
Gazprom y la petrolera china CNPC habían firmado en 2025 un memorando para una
obra con una capacidad proyectada de 50.000 millones de metros cúbicos anuales.
Ucrania amplió cada vez más el alcance de sus
drones
El ataque contra Novy Urengoy superó la marca registrada
apenas dos meses antes, cuando drones ucranianos alcanzaron una refinería
ubicada en Omsk, a unos 2.500 kilómetros de la frontera.
La estrategia de Kiev apunta cada vez más a instalaciones
ubicadas lejos del frente de batalla. Refinerías, depósitos, centros logísticos
y otros puntos de infraestructura rusa pasaron a formar parte de los objetivos
de los ataques de largo alcance.
Según estimaciones difundidas durante el último año, la
cantidad de ofensivas ucranianas contra territorio ruso aumentó de manera
sostenida. Reuters había calculado que la capacidad de refinación rusa llegó a
reducirse un 17%, equivalente a unos 1,1 millones de barriles diarios.
El impacto también se trasladó al comercio energético. En
una semana de marzo, las exportaciones petroleras rusas llegaron a registrar
una caída del 43%, con pérdidas estimadas en alrededor de 1.000 millones de
dólares.
Cómo los drones cambiaron la estrategia militar
La evolución de los ataques tiene su origen en la necesidad
ucraniana de compensar su inferioridad inicial en armamento pesado. En los
primeros meses de la invasión, las fuerzas de Kiev comenzaron a adaptar drones
comerciales para utilizarlos contra posiciones rusas.
Con el paso del tiempo, esa tecnología dejó de ser una herramienta
improvisada y pasó a formar parte de una industria de defensa desarrollada a
escala nacional.
El programa Ejército de Drones impulsó la fabricación de
aeronaves no tripuladas y permitió aumentar de manera considerable la
producción de modelos FPV. Ucrania llegó a fabricar más de un millón de estos
dispositivos durante 2024.
La siguiente etapa fue el desarrollo de drones capaces de
recorrer cientos o miles de kilómetros. Entre ellos se encuentra el FP-1,
fabricado por la empresa Fire Point, con un alcance superior a los 1.600
kilómetros y capacidad para transportar una ojiva de hasta 120 kilos.
Rusia también aumentó su producción
Moscú respondió con una estrategia similar y amplió la
fabricación de drones de ataque. Rusia comenzó a utilizar modelos Shahed-136
adquiridos a Irán y posteriormente desarrolló su producción local bajo la
denominación Geran-2.
La planta instalada en Alabuga, en Tatarstán, incrementó
progresivamente su fabricación. De acuerdo con estimaciones de inteligencia
ucraniana, Rusia había acumulado unos 6.200 drones Geran hacia agosto.
Algunas de las variantes incorporaron motores a reacción y
alcanzaron velocidades superiores a los 300 kilómetros por hora, con el
objetivo de dificultar la tarea de las defensas aéreas.
La guerra entre Rusia y Ucrania atraviesa así una nueva
etapa en la que la distancia dejó de ser una barrera absoluta. El ataque contra
una instalación energética en el Ártico muestra hasta dónde llegó la capacidad
ucraniana para golpear objetivos estratégicos dentro de Rusia y anticipa una
mayor disputa por el desarrollo de drones capaces de operar cada vez más lejos
del frente.
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