Una startup de Australia desarrolló una computadora
biológica que utiliza neuronas humanas vivas cultivadas en laboratorio para
procesar información. El sistema logró aprender por sí solo a interactuar con
un videojuego, un avance que abre nuevas posibilidades en el campo de la
computación y la neurociencia.
El dispositivo, creado por la empresa Cortical Labs,
combina tejido neuronal con tecnología electrónica para construir un tipo de
computadora que funciona de forma diferente a los sistemas basados en
inteligencia artificial tradicional.
Cómo funciona la computadora con neuronas humanas
El equipo se llama CL1 y fue presentado públicamente
durante el Mobile World Congress realizado en Barcelona en 2025.
En su interior contiene alrededor de 800.000 neuronas
humanas cultivadas a partir de células madre obtenidas de muestras de piel y
sangre de donantes adultos.
Estas neuronas se desarrollan sobre un chip de silicio
equipado con electrodos que envían señales eléctricas y registran las
respuestas del tejido neuronal en tiempo real.
Durante una demostración, cerca de 200.000 neuronas
recibieron información de un videojuego convertida en impulsos eléctricos y
generaron respuestas que permitieron controlar acciones dentro del entorno
digital.
Un antecedente en investigación científica
El mismo equipo ya había presentado investigaciones previas
publicadas en la revista científica Neuron.
En ese estudio, cultivos neuronales similares lograron
aprender a jugar al clásico videojuego Pong en pocos minutos, reorganizando sus
conexiones sin instrucciones programadas.
El sistema actual representa una evolución de esa
investigación hacia una tecnología que podría tener aplicaciones comerciales.
La ventaja energética frente a la inteligencia artificial
Uno de los aspectos que más interés genera en la industria
tecnológica es el consumo energético.
Mientras los centros de datos que entrenan modelos de
inteligencia artificial requieren enormes cantidades de electricidad, el
cerebro humano funciona con cerca de 20 vatios de energía.
Según la empresa, un conjunto de 30 unidades del sistema
CL1 utiliza menos de un kilovatio, una cifra muy inferior a la de los grandes
servidores utilizados para inteligencia artificial.
Este tipo de tecnología podría aplicarse en áreas como
robótica adaptativa, investigación farmacéutica o estudio de enfermedades
neurológicas.
Un nuevo modelo de negocio: neuronas en la nube
La empresa también lanzó un servicio denominado “Wetware as
a Service”, que permite acceder a cultivos neuronales a través de internet para
realizar experimentos o pruebas tecnológicas.
El acceso remoto tiene un costo semanal y busca facilitar
que investigadores o compañías utilicen esta tecnología sin necesidad de tener
un laboratorio propio.
El dispositivo tiene un precio estimado de 35.000 dólares
por unidad y despertó interés de distintos inversores del sector tecnológico.
Los desafíos éticos y regulatorios
Aunque los científicos aseguran que estos cultivos
neuronales no tienen estructuras que permitan el desarrollo de conciencia, el
avance abre interrogantes en el ámbito bioético.
Actualmente no existe un marco regulatorio específico para
el uso de tejido neuronal humano en sistemas computacionales.
A medida que esta tecnología evolucione, expertos advierten
que será necesario discutir límites científicos y legales sobre la integración
entre biología y computación.
El desarrollo del CL1 marca un nuevo paso en la
convergencia entre neurociencia e informática, un campo que podría transformar
la forma en que se diseñan las computadoras en las próximas décadas.
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