Un panel internacional de especialistas presentó una guía
con 56 recomendaciones destinadas a reducir el riesgo de demencia mediante
políticas públicas basadas en evidencia científica. El documento fue elaborado
en el Reino Unido y publicado en Nature Reviews Neurology.
La iniciativa busca orientar a gobiernos y sistemas de
salud frente al impacto sanitario, social y económico del envejecimiento de la
población.
Un problema que crecerá en las próximas décadas
Según estimaciones citadas en el informe, la cantidad de
personas con demencia en el mundo podría alcanzar los 153 millones en 2050. En
2019, el costo económico global ya superaba los 1,3 billones de dólares.
Ante la falta de una cura definitiva, los expertos
coinciden en que la reducción del riesgo es hoy la principal estrategia
disponible.
Cuatro ejes para una política integral
Las recomendaciones se organizan en cuatro grandes áreas:
comunicación en salud pública, intervenciones individuales, acciones a nivel
poblacional y fortalecimiento de la investigación.
El consenso propone una hoja de ruta flexible, adaptable a
distintos contextos sociales y sanitarios, con foco en la equidad y el acceso
universal.
Cómo comunicar el riesgo de demencia
Uno de los puntos centrales es el lenguaje. El panel
sugiere hablar de “reducir el riesgo de demencia” y evitar términos como
“prevenir” o “eliminar”, para no generar falsas expectativas ni
estigmatización.
También se recomienda priorizar mensajes claros sobre
factores modificables como hipertensión, pérdida auditiva, tabaquismo,
aislamiento social y consumo excesivo de alcohol.
Intervenciones individuales con enfoque social
En el plano individual, los expertos destacan la
importancia de integrar la reducción del riesgo de demencia en los controles de
salud desde la mediana edad.
Al mismo tiempo, advierten que las políticas no deben
trasladar la responsabilidad exclusivamente a las personas ni reforzar
desigualdades ligadas al nivel socioeconómico.
Medidas poblacionales y trabajo intersectorial
El documento propone incorporar la prevención de la
demencia a las estrategias nacionales sobre enfermedades no transmisibles,
contaminación ambiental, salud laboral y hábitos de consumo.
La coordinación entre distintas áreas del Estado aparece
como clave para lograr intervenciones sostenidas y de impacto real.
Más datos y más investigación
El panel subraya la necesidad de invertir en sistemas
nacionales de información para medir incidencia y evaluar políticas a largo
plazo.
También impulsa estudios sobre cambios de comportamiento y
participación activa de poblaciones vulnerables en el diseño de las
estrategias.
Una hoja de ruta adaptable
Los autores aclaran que las recomendaciones no son recetas
cerradas, sino lineamientos generales que deben adaptarse a cada país.
La implementación efectiva, señalan, podría reducir la
incidencia de demencia asociada a la edad y aliviar la presión futura sobre los
sistemas de salud y las familias.
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