Perros y gatos viven más años y ese avance trae un nuevo
desafío para los tutores: reconocer a tiempo las primeras señales de
envejecimiento. La vejez no aparece de forma repentina, sino a través de
cambios graduales que, si se detectan temprano, permiten mejorar el bienestar
del animal.
Dormir más horas, jugar menos o mostrar menor entusiasmo en
los paseos suelen ser los primeros indicios. Aunque pueden parecer normales,
estos comportamientos reflejan transformaciones físicas y metabólicas que
requieren atención.
¿Cuándo una mascota entra en la tercera edad?
No existe una edad única para definir la vejez en animales.
El tamaño, la raza y el estado de salud influyen de manera directa. En general,
los perros de gran porte comienzan a envejecer entre los seis y siete años,
mientras que los de razas pequeñas lo hacen más tarde.
En el caso de los gatos, los especialistas coinciden en que
se consideran adultos mayores a partir de los diez años. A partir de ese
momento, los controles veterinarios deben ser más frecuentes.
Señales tempranas que no deben ignorarse
La dificultad para subir escaleras o al sofá, la rigidez al
caminar, la pérdida de apetito o los cambios de peso son alertas habituales.
También pueden aparecer alteraciones en la conducta, como menor interacción o
desorientación.
Detectar estos signos de forma temprana permite intervenir
antes de que se desarrollen enfermedades más complejas, como problemas
articulares, renales o cardíacos.
El rol clave de la consulta veterinaria
La atención geriátrica veterinaria apunta a preservar la
funcionalidad y el confort del animal. Los chequeos periódicos facilitan
diagnósticos precoces y tratamientos menos invasivos, con mejores resultados a
largo plazo.
Además, una comunicación fluida entre el veterinario y el
tutor resulta fundamental para ajustar cuidados y anticipar posibles
complicaciones.
Alimentación, entorno y rutina adaptados
Con la edad, el organismo procesa los nutrientes de manera
diferente. Las dietas formuladas para mascotas mayores ayudan a mantener la
masa muscular, controlar el peso y proteger órganos vitales.
El entorno también debe adaptarse: pisos antideslizantes,
camas accesibles y comederos elevados reducen el riesgo de caídas y dolores.
Pequeños cambios en el hogar pueden marcar una gran diferencia en la vida
diaria del animal.
Envejecer no significa perder calidad de vida
La vejez no implica sufrimiento inevitable. Con controles
médicos, alimentación adecuada y un ambiente seguro, perros y gatos pueden
mantenerse activos y cómodos durante años.
El aumento de la esperanza de vida de las mascotas exige
mayor compromiso de los tutores. Reconocer esta etapa y acompañarla con
cuidados específicos es clave para que el envejecimiento sea saludable y digno.
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