No recordar lo que se soñó al despertar no implica ausencia
de sueños, sino un fenómeno ligado al funcionamiento de la mente y del cuerpo.
Especialistas en psicología y psiquiatría coinciden en que todas las personas
sueñan cada noche, principalmente durante la fase REM del sueño, pero diversos
factores pueden impedir que esos contenidos lleguen a la conciencia. El tema
importa porque el recuerdo onírico está vinculado con el procesamiento
emocional, la salud psíquica y, en algunos casos, con el estado físico general.
Desde el psicoanálisis clásico hasta la investigación
contemporánea del sueño, los sueños fueron entendidos como una vía privilegiada
de expresión del inconsciente. Sigmund Freud los definió como el principal
acceso a deseos y conflictos reprimidos, una idea que sigue presente en la
práctica clínica actual. Durante el sueño, la censura que opera en la vigilia
se debilita, aunque no desaparece, lo que explica por qué los sueños suelen
presentarse de manera fragmentada o simbólica.
Según especialistas argentinos, el olvido de los sueños
responde en muchos casos a mecanismos de represión más activos, que bloquean el
pasaje de esos contenidos a la memoria consciente. La vida moderna, atravesada
por el estrés, los horarios fragmentados y el uso de fármacos o alcohol,
también incide en la capacidad de evocación al despertar.
El no recordar los sueños no constituye, en sí mismo, un
problema. Sin embargo, los expertos advierten que la ausencia persistente de
recuerdo puede asociarse a una menor conexión con el mundo interno. Quienes
evocan sueños con mayor frecuencia suelen presentar una mayor “porosidad” de
los mecanismos represivos, lo que facilita el insight y la elaboración psíquica
de conflictos.
Desde una perspectiva médica, la falta total de sueños o su
recuerdo nulo de manera constante puede funcionar como señal de alerta.
Trastornos del sueño, estrés crónico, consumo de psicofármacos, alcohol o
problemas respiratorios pueden interferir con la fase REM, afectando tanto el
soñar como su registro consciente. En ese sentido, el sueño cumple una función
activa: el cerebro procesa experiencias, regula emociones y consolida memorias,
aun cuando el sujeto no conserve un relato onírico.
El creciente interés por la salud mental y la higiene del
sueño vuelve más relevante la comprensión de estos procesos. La investigación
interdisciplinaria entre psicología, neurociencia y medicina del sueño apunta a
profundizar el vínculo entre descanso, sueños y bienestar integral. En la
práctica clínica, el retorno del recuerdo onírico suele interpretarse como un
indicador de movimiento psíquico y de mejor integración entre cuerpo y mente.
Para la mayoría de las personas, no recordar un sueño seguirá siendo una
experiencia habitual, más vinculada a cómo funciona la mente que a una señal de
alarma.
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