Ucrania declarará un “estado de emergencia” en su sector
energético tras una nueva ola de ataques rusos que, la semana pasada, dañó
gravemente la infraestructura eléctrica y de calefacción y dejó a amplias zonas
del país sin servicios básicos. En Kiev, cerca de la mitad de la ciudad quedó
sin calefacción y electricidad, en medio de temperaturas que descendieron hasta
los -20 °C, una situación que llevó al alcalde Vitali Klitschko a pedir a los
residentes que, si pueden, abandonen temporalmente la capital.
Desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022,
Moscú ha atacado de manera recurrente la infraestructura energética ucraniana
durante los meses de invierno. La estrategia apunta a debilitar la capacidad
del Estado para garantizar servicios esenciales y a presionar a la población
civil en los centros urbanos. Los bombardeos más recientes, realizados con
misiles y drones, impactaron sobre centrales eléctricas, subestaciones y redes
de calefacción central, un sistema clave para ciudades como Kiev.
La crisis se desarrolla, además, en un contexto de tensión
política interna. El presidente Volodimir Zelensky cuestionó públicamente la
respuesta del gobierno municipal de la capital, mientras Klitschko defendió el
trabajo de los equipos locales y denunció una escalada de reproches cruzados en
plena emergencia.
Seis días después de los ataques, alrededor de 300
edificios de apartamentos en Kiev continúan sin calefacción. Las autoridades
aplican cortes eléctricos de emergencia y rotativos para racionar la energía
disponible, lo que afecta directamente a hogares, comercios y servicios
públicos. En muchos departamentos, la temperatura interior ronda los 12 °C y
desciende con cada hora sin suministro eléctrico, dado que los sistemas de
calefacción dependen de la red.
En las calles, la vida cotidiana se reorganiza en
condiciones extremas: los residentes utilizan linternas, velas y generadores,
los comercios operan con iluminación mínima y los balcones se transforman en
improvisados congeladores. Analistas del sector energético advierten que se
trata del momento más crítico de la guerra en términos de provisión de energía
y calefacción en regiones densamente pobladas.
Como medida inmediata, Zelensky ordenó incrementar de
urgencia las importaciones de electricidad para estabilizar el sistema y
reducir la duración de los apagones. Sin embargo, las autoridades reconocen que
la vulnerabilidad de la red persistirá mientras continúen los ataques y se
mantengan las bajas temperaturas.
En el corto plazo, el desafío será garantizar servicios
mínimos durante el resto del invierno y coordinar la respuesta entre el
gobierno central y las administraciones locales. A mediano plazo, la crisis
vuelve a poner en evidencia el peso de la guerra sobre la infraestructura civil
y el impacto directo del conflicto en la vida cotidiana de millones de
ucranianos.
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