Estados Unidos elevó la presión sobre Venezuela luego de la
captura de Nicolás Maduro en Caracas: el presidente Donald Trump afirmó que su
administración está preparada para una nueva fase de acciones militares si las
considera necesarias y que Washington asumirá un rol de conducción temporal
hasta que se concrete una transición política, un giro que reconfigura el
escenario regional y abre un proceso judicial y geopolítico sin precedentes.
La detención de Maduro se produjo tras una operación
militar de gran escala, autorizada —según el gobierno estadounidense— a pedido
del Departamento de Justicia, que lo acusa desde 2020 por narcotráfico y
delitos vinculados al terrorismo. El operativo, denominado “Resolución
Absoluta”, incluyó el despliegue de más de un centenar de aeronaves y el
desmantelamiento de defensas aéreas en Caracas. En las semanas previas,
Washington había incrementado su presencia naval en el Caribe y endurecido su
retórica frente al chavismo, en un contexto de sanciones, crisis humanitaria
prolongada y aislamiento internacional del régimen venezolano.
Las declaraciones de Trump trasladan el conflicto del plano
militar al institucional: Estados Unidos anunció que administrará la etapa
inicial posterior a la captura, mientras avanza el proceso judicial en Nueva
York. En Venezuela, los bombardeos nocturnos y los apagones generaron temor y
desorganización, con impactos directos sobre la población civil y la
infraestructura. En la región, la decisión profundizó la polarización entre
gobiernos que avalan la intervención por razones de seguridad y lucha contra el
narcotráfico, y aquellos que la rechazan por considerarla una violación a la
soberanía y al derecho internacional.
El curso inmediato dependerá de tres variables: la
respuesta interna del aparato chavista, la evolución del proceso judicial
contra Maduro y la coordinación internacional para una transición política.
Washington dejó abierta la posibilidad de nuevas acciones si persisten focos de
resistencia, mientras anticipó inversiones y un reordenamiento del sector
energético venezolano en una etapa posterior. La definición del liderazgo de
transición, el rol de la oposición y la estabilidad regional serán claves en
las próximas semanas, con riesgos de escalada si no se establecen canales
políticos efectivos.
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