El dirigente opositor venezolano Edmundo González afirmó
que no es posible una transición democrática en Venezuela mientras continúen
encarcelados ciudadanos de forma arbitraria. El mensaje fue difundido pocos
días después de la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y
apuntó a fijar condiciones políticas y jurídicas para el proceso de
reorganización institucional que se abre tras la caída del régimen chavista.
Las declaraciones de González se producen en un escenario
de fuerte reconfiguración del poder en Venezuela. Maduro y su esposa, Cilia
Flores, permanecen detenidos en Nueva York tras un operativo estadounidense y
enfrentan cargos por narcotráfico, conspiración para importar cocaína y delitos
vinculados al uso de armas automáticas ante tribunales federales.
En paralelo, el Tribunal Supremo de Justicia alineado con
el chavismo dispuso que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma funciones de
presidencia interina, mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump,
anunció que Washington gobernará transitoriamente el país hasta concretar lo
que definió como una “transición juiciosa”.
En este marco, González volvió a sostener que su liderazgo
se basa en el resultado de las elecciones de 2024 y en lo establecido por la
Constitución venezolana, argumento central de la oposición desde la crisis
institucional abierta tras esos comicios.
El planteo de González pone en primer plano la situación de
los presos políticos, una de las principales denuncias de organismos
internacionales de derechos humanos durante la última década. Según
estimaciones de organizaciones civiles, cientos de venezolanos continúan
detenidos por razones políticas, lo que representa un obstáculo directo para
cualquier proceso de normalización democrática.
La postura del dirigente opositor también interpela a los
actores internacionales involucrados en la transición, en particular a Estados
Unidos y a los gobiernos latinoamericanos que siguen de cerca la crisis
venezolana, entre ellos la Argentina, donde reside una parte significativa de
la diáspora venezolana.
En el corto plazo, el futuro político de Venezuela
dependerá de la definición de un esquema de transición que combine
administración provisional, garantías constitucionales y un calendario
electoral creíble. La liberación de presos políticos aparece como una condición
clave para legitimar ese proceso y reducir tensiones internas.
Persisten, sin embargo, interrogantes sobre el rol de las
actuales estructuras judiciales y de seguridad, así como sobre el alcance real
del control anunciado por Estados Unidos, factores que podrían acelerar o
demorar la salida institucional que reclama la oposición.




