La vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez afirmó anoche
que Nicolás Maduro continúa siendo el presidente del país, pese a encontrarse
bajo custodia de Estados Unidos, y anunció la activación del Consejo de Defensa
de la Nación junto con el envío al Tribunal Supremo de Justicia de un decreto
de conmoción exterior. El pronunciamiento busca sostener la continuidad
institucional en un escenario de alta tensión política y jurídica.
La declaración se produjo horas después de que Washington
confirmara la captura y traslado de Maduro fuera de Venezuela, donde enfrenta
cargos federales. Ante ese hecho, el oficialismo venezolano recurrió a los
mecanismos previstos en su arquitectura institucional para responder a lo que
define como una agresión externa. El decreto de conmoción exterior, firmado con
anterioridad, había sido presentado como una herramienta para ampliar
facultades del Ejecutivo frente a amenazas internacionales, aunque su contenido
no fue difundido en detalle.
La ratificación de Maduro como jefe del Estado apunta a
preservar la cadena de mando y la cohesión del aparato político y militar. Sin
embargo, la ausencia física del presidente introduce incertidumbre sobre la
ejecución efectiva de las medidas previstas en el decreto y sobre quién
asumiría decisiones operativas. Para la oposición y para actores
internacionales, el episodio profundiza el debate sobre la legitimidad del
poder en Caracas y sobre el alcance del derecho internacional en la detención
de un exmandatario en ejercicio.
En lo inmediato, el Tribunal Supremo de Justicia deberá
pronunciarse sobre la constitucionalidad del decreto y definir su
implementación. En paralelo, la evolución del proceso judicial en Estados
Unidos y eventuales contactos diplomáticos marcarán el rumbo de una etapa
inédita para Venezuela, con impactos potenciales en la gobernabilidad interna y
en la relación con los países de la región.
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