Un grave caso de violencia entre estudiantes generó
conmoción en Catamarca tras la difusión de un video en el que una joven relata
las humillaciones que sufrió una compañera de 17 años durante un viaje de
egresados a Bariloche. El episodio derivó en dos investigaciones judiciales y
provocó reclamos de alumnos y familiares frente al establecimiento educativo.
La situación tomó estado público cuando comenzó a circular
una grabación en la que una de las presuntas agresoras describió distintos
ataques físicos y verbales. Entre sus declaraciones, expresó: “Le dio un brote
psicótico, se sacaba los pelos y yo lo disfrutaba”.
En el mismo registro, la joven contó que le arrojó agua a
su compañera y reconoció que las burlas no se limitaron a ese episodio. También
relató que, durante una salida nocturna, el grupo realizó comentarios sobre el
aspecto físico de la adolescente y aludió a material íntimo que había circulado
previamente.
La difusión de ese contenido agravó la situación y abrió un
debate sobre el hostigamiento entre adolescentes, la exposición de la intimidad
y las consecuencias de la violencia sostenida en el ámbito escolar.
Dos investigaciones para determinar las
responsabilidades
La Justicia provincial avanza con dos líneas de investigación.
Una de ellas está vinculada con la presunta producción y distribución de
material íntimo de una persona menor de edad.
En ese expediente, el fiscal penal juvenil Guillermo
Narváez imputó a tres adolescentes. Las defensas presentaron planteos para
cuestionar las actuaciones, pero un juez de Control de Garantías rechazó el
pedido de nulidad. La resolución fue apelada por uno de los abogados
defensores.
La segunda investigación está a cargo de la fiscal Paola
González Pinto y busca establecer las circunstancias del presunto hostigamiento
sistemático, además de determinar el posible daño psicológico sufrido por la
estudiante.
La pesquisa deberá establecer qué ocurrió durante el viaje
de egresados, si las agresiones también se produjeron en el colegio y qué
responsabilidad le corresponde a cada persona involucrada. Mientras tanto, los
hechos continúan bajo investigación y las responsabilidades penales deberán
determinarse en el ámbito judicial.
El colegio quedó bajo cuestionamiento
El caso también generó interrogantes sobre la respuesta de
las autoridades educativas. El Colegio Privado Pía Didoménico difundió un
comunicado en el que afirmó que actuó con responsabilidad y celeridad desde que
tomó conocimiento de lo ocurrido.
La institución señaló que puso la situación en conocimiento
del Ministerio de Educación y Trabajo y aseguró que continuará trabajando con
los organismos correspondientes para resguardar a los estudiantes y favorecer
un entorno educativo seguro.
Sin embargo, la actuación del establecimiento recibió
críticas. De acuerdo con información publicada por medios locales, la
adolescente afectada habría manifestado en una carta que algunos docentes
hicieron referencias a las imágenes dentro del aula, lo que alimentó las dudas
sobre cuándo se conocieron los hechos y qué medidas se adoptaron.
Ante la repercusión, el Ministerio de Educación y Trabajo
de Catamarca emplazó a las autoridades del colegio a presentar, en un plazo de
24 horas, un informe detallado sobre lo sucedido y las acciones implementadas.
Una protesta para reclamar respuestas
La indignación también se trasladó a las puertas del
establecimiento, donde estudiantes y familiares realizaron una sentada pacífica
para expresar su apoyo a la adolescente y exigir medidas concretas.
Durante la manifestación, los participantes exhibieron
carteles contra la violencia escolar y reclamaron que se esclarezcan los
hechos. La protesta puso en primer plano la necesidad de proteger a la víctima,
garantizar su continuidad educativa y evitar nuevas situaciones de exposición o
revictimización.
Los padres de la joven, por su parte, anticiparon que
impulsarán nuevas acciones judiciales relacionadas con la difusión de las
imágenes íntimas.
Mientras avanzan las dos causas, la Justicia deberá
determinar las responsabilidades por las presuntas agresiones y la circulación
del material privado. El caso también plantea un desafío para las autoridades
educativas: establecer cómo se actuó ante las señales de hostigamiento y qué
medidas son necesarias para prevenir nuevos episodios de violencia entre
estudiantes.
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