El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva,
encabezó una multitudinaria movilización en São Paulo para reforzar su campaña
de cara a la segunda vuelta del 25 de octubre. Su estrategia apunta a captar a
quienes no votaron y convertir la reducción de la jornada laboral en uno de los
ejes de la disputa con Flávio Bolsonaro.
La convocatoria se produce después de una primera vuelta en
la que el senador opositor quedó en primer lugar, con una diferencia de 2,2
millones de votos. Lula necesita ampliar su respaldo para revertir el resultado
y buscar un cuarto mandato presidencial.
La estrategia de Lula para sumar nuevos
votantes
Durante la Marcha por la Democracia, realizada en la
avenida Paulista, el mandatario pidió movilizar a los más de 30 millones de
brasileños que se abstuvieron de votar el 4 de octubre. También hizo hincapié
en la necesidad de acercarse a los electores de mayor edad.
En su discurso, Lula advirtió que no se puede permitir que
“los ladrones vuelvan a gobernar este país”, en una referencia a sus
adversarios políticos.
La movilización estuvo marcada por las banderas y los
colores del Partido de los Trabajadores (PT). Sin embargo, no se difundieron
estimaciones independientes sobre la cantidad de asistentes.
El desafío del oficialismo consiste en transformar la
convocatoria en votos efectivos. La participación de quienes se ausentaron en
la primera vuelta podría resultar determinante en una elección que se encamina
a una definición ajustada.
La reducción de la jornada laboral entra en la
campaña
El otro eje del discurso presidencial fue la propuesta de
modificar las condiciones laborales en Brasil. Lula busca diferenciarse de
Flávio Bolsonaro con una iniciativa que contempla eliminar el régimen de seis
días de trabajo por uno de descanso, conocido como escala 6x1.
El proyecto de enmienda constitucional 221/2019 prevé dos
días de descanso semanal remunerado y una reducción de la jornada máxima de 44
a 40 horas semanales, sin disminución salarial. La primera etapa de la
reducción, hasta las 42 horas, comenzaría 60 días después de la promulgación.
El Senado tenía previsto debatir la iniciativa el miércoles
14 de octubre. Para convertirse en enmienda constitucional, la propuesta
necesita al menos 49 votos favorables en dos rondas de votación.
Aunque la Cámara de Diputados ya había aprobado el texto en
mayo y la Comisión de Constitución y Justicia del Senado le había dado su aval
en septiembre, todavía no estaba garantizado que el oficialismo consiguiera los
apoyos necesarios.
La oposición busca postergar el debate
La discusión legislativa también quedó atravesada por la
campaña electoral. La jefa del bloque oficialista en el Senado, Teresa Leitão,
trabajaba para acelerar el tratamiento y completar el proceso durante la
segunda mitad de octubre.
En cambio, sectores opositores pretendían aplazar la
votación hasta después del balotaje. El presidente del Senado, Davi Alcolumbre,
había señalado en agosto que el debate se realizaría una vez concluidos los
comicios.
Flávio Bolsonaro calificó la propuesta de “oportunista”.
Lula, por su parte, desafió a su rival a definir si respalda que los
trabajadores tengan más días de descanso.
El presidente brasileño llega a esta instancia con el
desempleo en niveles históricamente bajos, aunque persiste la preocupación por
la pérdida de poder adquisitivo. Ese contraste entre los indicadores laborales
y el costo de vida forma parte del escenario que condiciona las preferencias
electorales.
Flávio Bolsonaro llega con ventaja tras la
primera vuelta
Con el 99,99% de las urnas escrutadas, Flávio Bolsonaro
consiguió 56,1 millones de votos, equivalentes al 47,03% de los sufragios
válidos. Lula reunió 53,9 millones, el 45,16%, una diferencia de
aproximadamente 2,2 millones de votos.
El resultado sorprendió porque las encuestas previas no
anticipaban una ventaja de esa magnitud para el senador. Ahora, ambos
candidatos buscan sumar apoyos entre los electores que respaldaron a otras
fuerzas o que directamente no participaron de la votación.
Un sondeo de Datafolha realizado el 6 y 7 de octubre ubicó
a Flávio con el 52% de los votos válidos y a Lula con el 48%. La diferencia se
encuentra en el límite del margen de error de dos puntos porcentuales. En la
medición sobre el total de los encuestados, los resultados fueron del 49% y el
45%, respectivamente.
Flávio es hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien
perdió ante Lula en 2022 y fue condenado por el Supremo Tribunal Federal por su
participación en la trama golpista. Además, quedó inhabilitado para presentarse
a elecciones antes de 2030 y fue arrestado en 2025. Su hijo se convirtió en el
principal representante electoral de ese espacio político.
La disputa también se juega en São Paulo
Mientras Lula encabezaba la movilización, Flávio Bolsonaro
mantuvo reuniones con alcaldes del área metropolitana de São Paulo, una región
de más de 20 millones de habitantes donde cuenta con el respaldo del gobernador
Tarcísio de Freitas y del alcalde de la capital, Ricardo Nunes.
En paralelo, el Tribunal Superior Electoral ordenó cerrar
un canal de WhatsApp favorable a Lula, después de una denuncia de Bolsonaro por
la presunta difusión de noticias falsas contra su candidatura.
Con el balotaje cada vez más cerca, la campaña entra en una
etapa decisiva. Lula apuesta a ampliar la participación electoral y convertir
la reducción de la jornada laboral en una propuesta capaz de movilizar a los
trabajadores, mientras Flávio busca consolidar la ventaja obtenida en la
primera vuelta. El resultado dependerá de la capacidad de ambos para conquistar
nuevos apoyos antes del 25 de octubre.
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