Donald Trump recibió personalmente a Xi Jinping en la Base
Conjunta Andrews, en las afueras de Washington, al comienzo de la primera
visita de Estado del presidente chino a la capital estadounidense en más de una
década.
El mandatario chino arribó acompañado por su esposa, Peng
Liyuan, y una delegación de altos funcionarios, entre ellos el ministro de
Relaciones Exteriores, Wang Yi, y Cai Qi.
La visita se extenderá hasta el viernes y contempla una
serie de encuentros destinados a sostener el diálogo entre las dos principales
potencias económicas y militares, pese a las diferencias que mantienen en
distintas áreas.
Una ceremonia con despliegue militar
La recepción formal en la Casa Blanca está prevista para
este jueves. El programa incluye una ceremonia de bienvenida con honores
militares, una revisión de tropas y un sobrevuelo de un bombardero B-2 Spirit
acompañado por cuatro cazas F-22 Raptor.
Trump y la primera dama, Melania Trump, ofrecerán además
una cena de Estado para Xi y Peng. La agenda protocolar continuará el viernes
con un encuentro privado y una visita conjunta a los Archivos Nacionales.
La Casa Blanca informó que 479 integrantes de las Fuerzas
Armadas estadounidenses participarán de la ceremonia oficial de bienvenida, que
incluirá las banderas de ambos países y la interpretación de sus himnos
nacionales.
Comercio y tecnología, entre los temas
centrales
Uno de los principales asuntos de la agenda será la
continuidad de la tregua comercial entre Washington y Beijing. Ambos gobiernos
buscan evitar una nueva escalada de aranceles después de años de fuertes
disputas económicas.
También estarán sobre la mesa los minerales estratégicos y
las restricciones tecnológicas. Estados Unidos y China mantienen una
competencia creciente por el desarrollo de inteligencia artificial y por el
acceso a componentes considerados estratégicos.
Antes de la llegada de Xi, el secretario de Estado
estadounidense, Marco Rubio, defendió la necesidad de mantener abiertos los
canales diplomáticos. Washington y Beijing tienen, según sus declaraciones, “la
obligación de interactuar y hablar al más alto nivel”.
Taiwán e Irán también forman parte de la agenda
Las conversaciones no estarán limitadas a cuestiones
económicas. La relación con Taiwán y la situación internacional vinculada con
Irán también aparecen entre los asuntos que pueden ser abordados durante el
encuentro.
Desde Beijing, el Gobierno chino planteó como objetivo
“mejorar el diálogo y la cooperación” y “gestionar adecuadamente las
diferencias”, en una señal de que la visita busca preservar los canales de
comunicación pese a los desacuerdos.
El contexto bilateral sigue marcado por disputas
comerciales, controles sobre tecnologías avanzadas, cadenas de suministro y
minerales críticos. Al mismo tiempo, ambas potencias mantienen contactos para
evitar un nuevo deterioro de sus relaciones.
El primer viaje a Washington desde 2015
La última visita de Xi Jinping a la Casa Blanca había sido
en 2015, durante la presidencia de Barack Obama. Desde entonces, la relación
entre Estados Unidos y China atravesó una guerra comercial y un aumento de las
restricciones tecnológicas.
El actual encuentro constituye el tercer contacto
presencial entre Trump y Xi desde el regreso del mandatario estadounidense a la
Casa Blanca y llega después de nuevas negociaciones destinadas a estabilizar la
relación bilateral.
La visita concluirá el viernes, cuando ambos mandatarios
finalicen la agenda oficial en los Archivos Nacionales. El resultado de las
conversaciones permitirá conocer si el acercamiento actual se traduce en nuevos
acuerdos sobre comercio, tecnología y otros puntos de tensión entre Washington
y Beijing.
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