Las predicciones atribuidas a Nostradamus y Baba Vanga
volvieron a circular en redes sociales en medio del creciente debate sobre los
posibles riesgos de la inteligencia artificial.
Una de las referencias más difundidas pertenece a una
cuarteta escrita por Michel de Nostredame, conocido como Nostradamus, en 1555.
El texto corresponde a la Centuria IV, Cuarteta 31.
El pasaje habla de “el nuevo sabio de cerebro solitario” y
de “discípulos” que invitan a alguien a ser “inmortal”. Sin embargo, el escrito
original no menciona computadoras, algoritmos ni inteligencia artificial.
La asociación con una eventual rebelión de máquinas surgió
mucho tiempo después y se basa en una interpretación retrospectiva de sus
palabras.
Una interpretación publicada siglos después
Una de las versiones más conocidas de esa lectura apareció
en 1989, en el libro Conversaciones con Nostradamus, de la hipnoterapeuta
estadounidense Dolores Cannon.
Según esa obra, una persona sometida a hipnosis habría
canalizado a Nostradamus y explicado que la cuarteta describía a un futuro
genio capaz de trasladar su mente a una especie de “computadora orgánica” para
evitar la muerte física.
Por lo tanto, esa interpretación no forma parte del texto
escrito por Nostradamus en el siglo XVI, sino que fue elaborada más de cuatro
siglos después.
Algo similar sucede con muchas de las predicciones
atribuidas al astrólogo francés. Con frecuencia se lo relaciona con
acontecimientos como los atentados del 11 de septiembre de 2001 o la muerte de
la princesa Diana, aunque esas asociaciones surgieron después de los hechos.
La ambigüedad de sus escritos facilita que determinados
versos sean reinterpretados para vincularlos con acontecimientos posteriores.
Los especialistas describen este mecanismo como sesgo de confirmación
retroactiva.
Qué ocurre con las predicciones de Baba Vanga
El caso de Baba Vanga, la mística búlgara fallecida en
1996, presenta características similares.
A la vidente se le atribuyen supuestas predicciones sobre
el crecimiento de la inteligencia artificial, la automatización de empleos y el
control de sectores industriales mediante sistemas tecnológicos.
También circulan recopilaciones que aseguran que algunas de
sus predicciones para 2026 ya comenzaron a cumplirse, especialmente aquellas
relacionadas con desastres naturales y la sustitución de trabajadores por
sistemas automatizados.
Sin embargo, no existe un registro contemporáneo y
verificable que permita confirmar esas predicciones específicas. Muchas fueron
recopiladas y difundidas después de su muerte, por lo que tampoco resulta
posible establecer con certeza cuáles fueron sus palabras originales.
Las advertencias que sí tienen respaldo
documental
El renovado interés por estas profecías coincide con
advertencias mucho más concretas provenientes del sector tecnológico.
El investigador Jacob Coxon dejó recientemente Anthropic y
alertó sobre los riesgos asociados al desarrollo de sistemas de inteligencia
artificial cada vez más avanzados.
En un mensaje interno, advirtió que una eventual
superinteligencia artificial podría implicar “un riesgo de causar la extinción
humana”. Su evaluación también recibió respaldo público de Evan Hubinger,
responsable de ciencia de alineamiento de la compañía.
A diferencia de las predicciones atribuidas a Nostradamus o
Baba Vanga, estas advertencias tienen autores identificables, fechas concretas
y argumentos que pueden ser analizados y discutidos públicamente.
Los casos vinculados a armas biológicas
El debate también se intensificó después de que Anthropic
difundiera un informe sobre el uso de su modelo Claude en investigaciones con
posibles implicancias relacionadas con armas biológicas.
El documento registró cinco casos detectados entre
diciembre de 2025 y agosto de 2026 en los que se intentó utilizar el sistema
para investigaciones de ese tipo.
La existencia de estos episodios no demuestra que una
inteligencia artificial pueda provocar por sí misma una catástrofe global, pero
sí muestra que el avance de estas herramientas plantea problemas concretos de
seguridad y control.
Por eso, las advertencias actuales sobre inteligencia
artificial no necesitan recurrir a profecías antiguas para generar
preocupación.
Ciencia, especulación y miedo tecnológico
El temor a una inteligencia artificial fuera de control
también aparece en investigaciones y debates académicos. En Si Alguien lo
Construye, Todos Morimos, publicado en 2025, Eliezer Yudkowsky y Nate Soares
plantean un escenario hipotético en el que una IA superinteligente podría
alcanzar una ventaja tecnológica imposible de contrarrestar para los seres
humanos.
Los autores comparan esa eventual diferencia de capacidades
con el enfrentamiento entre los pueblos originarios de América y los
conquistadores europeos, una analogía utilizada para explicar una posible
asimetría tecnológica extrema.
Se trata, sin embargo, de un planteo especulativo y no de
una predicción sobre un acontecimiento inevitable.
La diferencia resulta central: las hipótesis científicas
pueden ser contrastadas, discutidas y modificadas a partir de nuevas
evidencias, mientras que las profecías ambiguas pueden reinterpretarse después
de cada acontecimiento para hacerlas coincidir con la realidad.
Por qué las profecías regresan en momentos de
incertidumbre
El resurgimiento de Nostradamus y Baba Vanga puede
entenderse también como una reacción cultural frente a una tecnología que
todavía genera numerosas incógnitas.
Algo similar ocurrió en otras épocas con la energía
nuclear, las pandemias o el cambio climático: cuando aparece una amenaza
difícil de comprender o controlar, también crece la búsqueda de explicaciones
capaces de anticipar el futuro.
En ese contexto, las antiguas profecías encuentran un nuevo
espacio en las redes sociales, donde una interpretación llamativa puede
difundirse rápidamente.
Mientras la inteligencia artificial continúe generando
incertidumbre sobre sus capacidades y sus posibles consecuencias, también
seguirá alimentando relatos, especulaciones y reinterpretaciones de textos
antiguos. Pero una cosa es una profecía adaptada después de los hechos y otra
muy diferente una advertencia respaldada por datos, autores identificables y
evidencia verificable.
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