Los seguidores de Evo Morales reforzaron la vigilancia
sobre el expresidente en el Trópico de Cochabamba, Bolivia, luego de que
denunciara un supuesto operativo para atentar contra su vida. La tensión crece
mientras se acerca el final del estado de excepción.
Las seis federaciones de cocaleros de la región instalaron
una vigilia permanente en Lauca Ñ y emitieron advertencias dirigidas a las
Fuerzas Armadas y la Policía ante un eventual ingreso al territorio.
En una de las resoluciones aprobadas durante una reunión
sindical, los dirigentes afirmaron que no garantizarán la seguridad de los
agentes que ingresen a la zona con la intención de atacar a Morales.
Morales denunció un supuesto operativo
La semana pasada, el exmandatario aseguró que recibió
información sobre un presunto operativo que estaría siendo preparado en el
Trópico de Cochabamba.
“Por información de militares y policías patriotas tomamos
conocimiento de un nuevo operativo que pretenden ejecutar en el Trópico de
Cochabamba”, escribió Morales en su cuenta de X.
El expresidente vinculó esa supuesta maniobra con el
gobierno de Rodrigo Paz y afirmó que el ministro de Defensa, Ernesto
Justiniano, habría mantenido reuniones en Estados Unidos relacionadas con el
operativo.
Morales también sostuvo que un coronel, cuya identidad no
reveló, le recomendó utilizar permanentemente un chaleco antibalas. “Si algo
llega a pasar, el responsable es el presidente y su ministro de Defensa”,
afirmó.
Las acusaciones fueron acompañadas por un pronunciamiento
de exministros de Morales dirigido a la comunidad internacional. En el
documento expresaron preocupación por la seguridad del exmandatario y
reclamaron acciones para evitar un eventual ataque.
Los cocaleros preparan una movilización
Las seis federaciones que respaldan a Morales convocaron a
una concentración para el miércoles 26 de agosto en Ivirgarzama, localidad
ubicada a unos 230 kilómetros de Cochabamba.
La movilización tendrá lugar mientras quedan 23 días para
que finalice el estado de excepción decretado por el gobierno de Rodrigo Paz en
junio, en medio de una etapa de fuertes protestas y bloqueos.
La medida establece restricciones destinadas a preservar el
orden público, entre ellas la prohibición de bloquear calles y rutas, portar
armas o explosivos durante manifestaciones y transportar combustible en
recipientes no autorizados en zonas consideradas conflictivas.
La situación judicial del expresidente
Morales permanece desde hace casi dos años en el Trópico de
Cochabamba, una región donde conserva un fuerte respaldo político y sindical.
Desde allí mantuvo su actividad política y protagonizó distintos
enfrentamientos con los gobiernos de Luis Arce y Rodrigo Paz.
Su permanencia en la zona también está relacionada con una
causa judicial por un presunto delito de trata de personas. La Fiscalía lo
acusa de haber tenido una hija con una adolescente durante su mandato y de
haber beneficiado políticamente a familiares de la joven.
El exmandatario no asistió a tres citaciones judiciales
vinculadas con el expediente. Por ese motivo, un juez ordenó su arraigo,
dispuso la anotación preventiva de sus bienes y lo declaró en rebeldía en enero
del año pasado.
Morales sostiene que las acusaciones forman parte de una
persecución política en su contra. Mientras la investigación continúa, el
despliegue de sus seguidores y las advertencias a las fuerzas de seguridad
mantienen elevada la tensión en el Trópico de Cochabamba, especialmente ante la
proximidad del vencimiento del estado de excepción.
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