El inicio de agosto llegó con un cambio en las condiciones
meteorológicas para gran parte de la región agrícola argentina. Después de
varios meses con escasas precipitaciones, un frente de tormentas dejó
importantes acumulados en Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, favoreciendo la
recuperación de la humedad en los suelos y aportando alivio a los cultivos de
trigo y cebada.
Aunque los especialistas consideran prematuro confirmar la
instalación del fenómeno El Niño, la magnitud y la extensión de las lluvias
despertaron expectativas entre productores y técnicos, que siguen de cerca la
evolución del clima para las próximas semanas.
Los mayores registros de lluvia
Los acumulados más importantes se registraron en el norte
de la provincia de Buenos Aires. El máximo fue de 100 milímetros en Paraje La
Bolsa, partido de San Pedro, seguido por Colonia Mascías, en Santa Fe, con 95
milímetros, y Viale, en Entre Ríos, donde se midieron 70 milímetros.
También hubo valores elevados en San Nicolás (69,6 mm),
Ramallo (68 mm), Ceres (63,6 mm), Villa Elisa (61 mm) y numerosas localidades
de la región pampeana, donde las precipitaciones llegaron en un momento clave
para los cultivos de invierno.
Beneficio para el trigo, pero con sectores
complicados
El aporte de agua mejora las reservas hídricas del suelo y
favorece el desarrollo del trigo y la cebada, que atraviesan una etapa de alta
demanda de humedad para definir su potencial productivo.
Sin embargo, en algunos sectores las lluvias fueron tan
intensas que provocaron anegamientos, caminos rurales intransitables y lotes
con excesos de agua, especialmente en zonas bajas del norte bonaerense.
¿Es una señal de El Niño?
La sucesión de sistemas de lluvias y su distribución
geográfica comenzaron a alimentar las expectativas sobre un posible cambio en
el patrón climático.
Los especialistas, no obstante, remarcan que todavía es
necesario observar la continuidad de estos eventos antes de confirmar que el
país ingresa en un escenario plenamente influenciado por El Niño. Para ello
será determinante el comportamiento de las precipitaciones durante el resto del
invierno y el comienzo de la primavera.
Lo que espera el sector agropecuario
El agua caída representa una mejora para la campaña fina y
también genera mejores condiciones de humedad para el inicio de la siembra de
los cultivos de verano.
En las próximas semanas, el comportamiento de nuevos
frentes húmedos será clave para consolidar la recuperación de los perfiles de
suelo y definir el impacto que este cambio meteorológico tendrá sobre la
producción agrícola de la campaña 2026/2027.
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