La Organización de las Naciones Unidas inició la etapa
decisiva para elegir a su próximo secretario general, cargo que hoy ocupa
António Guterres. El proceso combina exposiciones públicas con negociaciones
reservadas entre potencias.
Un proceso con peso político global
La designación del secretario general no responde solo a
méritos técnicos. El verdadero poder de decisión está en el Consejo de
Seguridad, integrado por 15 países, donde cinco miembros permanentes —Estados
Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia— pueden vetar candidatos.
Aunque la Asamblea General participa en la votación final,
en la práctica solo ratifica al postulante que logra el aval previo del
Consejo.
Más transparencia, pero decisiones cerradas
En esta edición, los aspirantes presentan sus propuestas en
audiencias abiertas ante los 193 países miembro y organizaciones civiles. Es un
intento de dar mayor visibilidad a un proceso históricamente marcado por
negociaciones diplomáticas.
Sin embargo, las decisiones clave continúan tomándose en
reuniones privadas, donde se definen apoyos y se descartan candidaturas.
Los principales candidatos
Entre los nombres que concentran mayor atención aparece el
argentino Rafael Grossi, actual titular del organismo nuclear internacional,
con experiencia en conflictos sensibles.
También figura la ex presidenta chilena Michelle Bachelet,
con trayectoria en derechos humanos y organismos multilaterales.
La economista costarricense Rebeca Grynspan suma perfil
técnico y experiencia en negociaciones internacionales, mientras que el ex
mandatario senegalés Macky Sall representa la opción africana en la carrera.
Equilibrios y disputas geopolíticas
La elección está atravesada por factores no escritos, como
la rotación regional. América Latina tuvo escasa representación histórica en el
cargo, lo que podría influir en la definición.
Además, cada candidato necesita evitar el veto de las
grandes potencias, lo que obliga a construir consensos en un escenario
internacional fragmentado.
Plazos y definición final
El proceso continuará con rondas de consultas en el Consejo
de Seguridad, que pueden extenderse durante semanas. Una vez alcanzado el
acuerdo, la Asamblea General oficializará la designación.
El nuevo secretario general asumirá el 1 de enero de 2027,
en un contexto global atravesado por conflictos, tensiones geopolíticas y
desafíos multilaterales.
La elección no solo definirá un nombre, sino también el
rumbo de la diplomacia internacional en los próximos años y la capacidad de la
ONU para recuperar protagonismo en un mundo cada vez más complejo.
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