El incremento de buques petroleros sin regulación en el
Ártico encendió alarmas entre científicos y ambientalistas, que advierten sobre
el alto riesgo de desastres ecológicos en una de las zonas más frágiles del
planeta.
Crece la “flota en la sombra”
En los últimos años, aumentó la circulación de
embarcaciones conocidas como “shadow fleet”, muchas de ellas sin certificación
adecuada para operar en aguas heladas.
Datos de organizaciones ambientales indican que solo en
2024 al menos 13 de estos buques navegaron rutas árticas, una cifra que creció
en 2025, con predominio de petroleros y naves de gas natural licuado.
Especialistas advierten que varias de estas embarcaciones
son antiguas y carecen de condiciones técnicas para enfrentar el hielo, lo que
eleva el riesgo de accidentes.
Limitaciones para responder a derrames
Uno de los principales problemas es la falta de tecnología
eficaz para actuar ante un derrame de petróleo en el Ártico.
Investigaciones recientes muestran que métodos
experimentales, como el uso de bacterias para degradar combustibles, requieren
semanas para ser efectivos, un plazo incompatible con una emergencia real.
Además, las condiciones extremas dificultan cualquier
intervención: el frío vuelve más espeso el petróleo, que puede hundirse o
adherirse al hielo.
Métodos actuales, sin avances
Las herramientas disponibles para contener derrames, como
barreras flotantes o sistemas de recolección, pierden eficacia en presencia de
hielo marino.
Las alternativas químicas tampoco ofrecen soluciones
definitivas. El uso de dispersantes puede afectar la fauna, mientras que la
quema controlada libera contaminantes que aceleran el deshielo.
Expertos del sector coinciden en que la tecnología actual
no presenta mejoras significativas respecto a la última década.
Impacto global y presión por soluciones
El crecimiento del tráfico marítimo en el Ártico responde a
intereses económicos y estratégicos, como nuevas rutas comerciales y
explotación de recursos.
Sin embargo, la falta de regulación y control genera
preocupación por el posible impacto ambiental, especialmente ante un derrame de
gran escala.
Frente a este escenario, la comunidad científica y
organismos internacionales reclaman mayores inversiones en investigación y
normas más estrictas para evitar daños irreversibles en el ecosistema ártico.
El avance de estas embarcaciones y la ausencia de
soluciones rápidas refuerzan la urgencia de políticas globales que garanticen
la protección de una región clave para el equilibrio climático del planeta.
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