La natación podría disminuir hasta un 50% el riesgo de
muerte en comparación con el sedentarismo u otras actividades físicas. Así lo
concluye un estudio de la Universidad de Carolina del Sur que analizó durante
más de tres décadas a más de 40.000 hombres de entre 20 y 90 años.
El trabajo, difundido por el medio especializado MiNDFOOD,
posiciona a la natación como una de las prácticas más completas para la salud
integral, tanto por su impacto cardiovascular como por sus beneficios mentales.
Menos riesgo y mayor salud cardiovascular
Según la investigación, quienes nadan con frecuencia
presentan una tasa de mortalidad hasta un 50% menor frente a quienes caminan,
corren o no realizan ejercicio.
El deporte acuático activa simultáneamente brazos, piernas
y músculos centrales, lo que incrementa la demanda energética. Datos de la
Cleveland Clinic indican que una hora de natación intensa puede quemar
alrededor de 680 calorías en una persona de 68 kilos, cifra comparable a correr
a ritmo moderado.
Además, al tratarse de una actividad de bajo impacto,
reduce el estrés sobre las articulaciones y resulta apta para distintas edades
y condiciones físicas.
Beneficios para el cerebro y el estado de ánimo
La natación también impacta en la salud mental.
Investigaciones citadas por Harvard Medical School sostienen que el ejercicio
aeróbico regular contribuye a disminuir síntomas de ansiedad y depresión,
mejorar el sueño y favorecer el bienestar general.
El movimiento rítmico en el agua estimula la liberación de
endorfinas y promueve la neurogénesis en el hipocampo, área del cerebro
vinculada con la regulación emocional y el manejo del estrés.
En entornos marinos, además, se suman los efectos de la
llamada talasoterapia, asociada históricamente al uso terapéutico del agua de
mar.
Seguridad y práctica a largo plazo
Especialistas destacan que la natación puede practicarse
durante toda la vida. El agua amortigua el peso corporal, disminuye el riesgo
de lesiones y permite entrenamientos sostenidos en el tiempo.
No obstante, expertos de Harvard recomiendan complementar
con ejercicios de soporte de peso —como caminatas o entrenamiento de fuerza—
para fortalecer la salud ósea, ya que la natación por sí sola no estimula de
manera significativa la densidad mineral de los huesos.
Los resultados refuerzan la importancia de incorporar
actividad física regular como estrategia de prevención. En un contexto global
donde el sedentarismo aumenta los factores de riesgo cardiovascular, la
natación se consolida como una opción eficaz, accesible y de bajo impacto para
mejorar la calidad y expectativa de vida.
Con base en nota de: Martina Cortés Moschetti para
infobae.com




