Un apagón de gran magnitud afectó ayer por la tarde a la
Ciudad de Buenos Aires y amplias zonas del Conurbano bonaerense, tras la salida
de servicio de cuatro líneas de alta tensión de 220 kV en el corredor
Morón–Rodríguez. La falla, registrada alrededor de las 14:45 en una subestación
de Edenor, provocó la pérdida de cerca de 3.000 megavatios en pleno pico de
consumo, en una jornada con temperaturas superiores a los 35 grados, y dejó
inicialmente sin suministro a unas 800.000 personas.
El incidente se produjo en un escenario de alta exigencia
sobre el sistema eléctrico argentino, marcado por la ola de calor que atraviesa
el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Durante estos episodios, el
consumo residencial y comercial se incrementa de forma sostenida por el uso
intensivo de equipos de refrigeración. La infraestructura eléctrica del país,
con tramos críticos en zonas densamente pobladas, enfrenta desde hace años
tensiones recurrentes en contextos de demanda extrema.
Según datos del Ente Nacional Regulador de la Electricidad
(ENRE), hacia las 18:00 aún permanecían sin servicio 22.907 usuarios de Edesur
y 5.447 de Edenor. El apagón provocó la interrupción de semáforos y generó
complicaciones de tránsito en el centro porteño. En el transporte público, las
líneas D y H del subte quedaron momentáneamente fuera de servicio, mientras que
los trenes Mitre (ramales Suárez y Mitre) y San Martín registraron
interrupciones y demoras. El Aeropuerto metropolitano sufrió el impacto del
corte, aunque mantuvo su operatividad.
La empresa AySA informó que varias plantas de producción y
distribución de agua potable resultaron afectadas por la falta de energía, lo
que derivó en baja presión o falta de suministro en barrios de la Ciudad y en
partidos del Gran Buenos Aires como Morón, San Martín, La Matanza, Tigre y
Vicente López, entre otros.
Desde Edenor señalaron que los protocolos de reposición se
activaron de inmediato y que más del 90% de los usuarios afectados recuperaron
el servicio dentro de la primera hora. No obstante, la normalización total del
suministro eléctrico y del servicio de agua se extendió de manera gradual. El
episodio reabre el debate sobre la capacidad del sistema eléctrico para
responder a eventos climáticos extremos, una discusión que involucra a
autoridades regulatorias y empresas del sector en la Argentina, país donde este
tipo de contingencias tienden a repetirse durante los meses de verano.
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