Un equipo internacional de astrónomos detectó una explosión
sin precedentes en un agujero negro supermasivo de la galaxia NGC 3783,
observada entre noviembre y diciembre de 2025 mediante telescopios espaciales
de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la agencia japonesa JAXA. El fenómeno,
registrado como una intensa llamarada de rayos X seguida por vientos
ultrarrápidos, permite comprender con mayor precisión cómo operan los procesos
extremos en los núcleos galácticos activos y por qué influyen en la evolución
de las galaxias.
La observación se realizó con los satélites XMM-Newton, de
la ESA, y XRISM, una misión liderada por JAXA con participación europea y
estadounidense. Ambos instrumentos detectaron que, poco después de una
llamarada de rayos X, el agujero negro expulsó material a velocidades cercanas
a los 60.000 kilómetros por segundo, equivalentes a una quinta parte de la
velocidad de la luz.
El objeto estudiado tiene una masa estimada en 30 millones
de veces la del Sol y forma parte de un núcleo galáctico activo, una región
donde el material que cae hacia el agujero negro libera enormes cantidades de
energía. Según los investigadores, el fenómeno observado se origina cuando el
campo magnético del núcleo se desenrosca de manera súbita, en un proceso
comparable a las eyecciones solares, aunque a una escala mucho mayor.
El hallazgo aporta evidencia directa sobre cómo el
magnetismo puede generar vientos capaces de alterar el entorno de una galaxia.
Estos flujos de energía y materia pueden influir en la formación de nuevas
estrellas, regular el crecimiento galáctico e incluso limitar la disponibilidad
de gas.
Los científicos señalaron que nunca antes se había
observado con tanta claridad la formación de estos vientos en un lapso tan
breve, lo que refuerza la idea de que los agujeros negros no son estructuras
pasivas, sino motores activos que interactúan de forma constante con su entorno
cósmico.
A partir de este descubrimiento, los investigadores
buscarán determinar si este tipo de explosiones rápidas es frecuente en otros
núcleos galácticos activos o si se trata de un evento excepcional. Nuevas
campañas de observación con XRISM y futuras misiones espaciales permitirán
ampliar la muestra y refinar los modelos teóricos sobre la interacción entre
campos magnéticos, radiación y materia en las regiones más extremas del
universo.
El avance también refuerza el valor de la cooperación
internacional en astrofísica y consolida el rol de los observatorios espaciales
en el estudio de fenómenos de alta energía que no pueden analizarse desde la
Tierra.
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