El Tribunal Supremo de Brasil dispuso que Eduardo Bolsonaro
comience a cumplir una pena de cuatro años y dos meses de prisión por coacción
a la Justicia. La medida incluye la cancelación de sus pasaportes y se produce
a pocas semanas de la segunda vuelta presidencial que enfrentará a su hermano
Flávio Bolsonaro con Luiz Inácio Lula da Silva.
La resolución fue adoptada por el magistrado Alexandre de
Moraes, responsable de la causa. Como los últimos recursos de la defensa fueron
rechazados, la condena quedó firme y ya no admite nuevas apelaciones
ordinarias.
Eduardo Bolsonaro vive actualmente en Estados Unidos. Por
el momento, no se informó si las autoridades brasileñas iniciarán un
procedimiento para solicitar su extradición.
Una condena firme y ocho años de inhabilitación
política
La orden de arresto se apoya en la decisión judicial que
impuso al exdiputado una pena de cuatro años y dos meses de cárcel. El fallo
también establece una inhabilitación para ejercer cargos públicos durante ocho
años, que se extiende hasta 2038.
Hace dos semanas, el Tribunal Supremo había rechazado por
unanimidad la última apelación presentada por la defensa y confirmado el
régimen inicial de cumplimiento de la condena, previsto como semiabierto.
Con la sentencia firme, Eduardo Bolsonaro quedó incorporado
al registro de personas condenadas con órdenes de detención pendientes. La
anulación de sus pasaportes constituye otra consecuencia de la resolución
judicial.
El caso se originó en su campaña contra los
jueces brasileños
La investigación está vinculada con las gestiones políticas
y diplomáticas que Eduardo Bolsonaro impulsó desde Estados Unidos a comienzos
de 2025. Tras dejar su banca en la Cámara de Diputados, sostuvo que existía una
persecución política contra su familia y buscó apoyo de Washington frente a los
procesos judiciales que involucraban a su padre, el expresidente Jair
Bolsonaro.
Aquellas gestiones tuvieron repercusiones en la relación
entre Brasil y Estados Unidos. En julio de 2025, el Gobierno estadounidense
sancionó a Alexandre de Moraes, al que acusó de cometer abusos judiciales. El
entonces presidente Donald Trump también calificó el proceso contra Jair
Bolsonaro como una “caza de brujas” y utilizó el caso como argumento para
imponer aranceles del 50% a una parte de las importaciones brasileñas.
En ese contexto, Moraes había ordenado congelar las cuentas
y los bienes de Eduardo Bolsonaro en julio de 2025, ante sospechas de que se
utilizaban para financiar acciones destinadas a presionar al Gobierno de Lula.
La decisión llega en plena disputa presidencial
La orden de detención se conoce durante la campaña para el
balotaje presidencial del 25 de octubre. Flávio Bolsonaro, senador y hermano
del condenado, se medirá en las urnas con Lula da Silva, que busca la
reelección.
De acuerdo con los resultados mencionados en el informe
original, Flávio obtuvo el 47% de los votos en la primera vuelta, frente al 45%
alcanzado por el actual mandatario. Eduardo participa activamente en la campaña
de su hermano y había insinuado que podría aspirar al cargo de canciller si
Flávio llega a la Presidencia.
Ese eventual nombramiento quedaría condicionado por la
situación judicial del exdiputado, que enfrenta una condena firme y una orden
de arresto pendiente.
Los antecedentes judiciales de la familia
Bolsonaro
Eduardo fue condenado el 16 de junio de 2026 por la Primera
Sala del Tribunal Supremo, cuyos cuatro integrantes votaron a favor de la
sentencia. Su padre, Jair Bolsonaro, recibió en septiembre de 2025 una pena de
27 años y tres meses de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe
de Estado posterior a las elecciones de 2022.
Además, Eduardo recibió en septiembre de 2026 otra condena
de un año de prisión por difamar a la diputada Tabata Amaral. También fue
destituido de su puesto como escribiente de la Policía Federal por abandono de
cargo. El exdiputado sostiene que es víctima de persecución política y
judicial.
Por ahora, el efecto inmediato de la nueva resolución está
condicionado por su permanencia en Estados Unidos. La orden podría ejecutarse
si regresa a Brasil, mientras que una eventual extradición dependerá de los
pasos que decidan adoptar las autoridades. La evolución del caso también podría
tener consecuencias políticas si su hermano gana el balotaje y considera
incorporarlo a un futuro gobierno.
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