La avalancha que golpeó Nepal el 26 de agosto y dejó 1.403
muertos y 6.150 desaparecidos fue consecuencia de una combinación de factores
ambientales que debilitaron una zona de alta montaña.
El análisis fue realizado por una veintena de especialistas
del Imperial College de Londres y la organización World Weather Attribution
(WWA), que estudiaron las condiciones que precedieron al colapso.
Los investigadores determinaron que el aumento de las
temperaturas, el retroceso de los glaciares y el deshielo del permafrost
contribuyeron a generar una situación de extrema inestabilidad.
Un desprendimiento de enorme magnitud
El fenómeno comenzó con el desprendimiento de una sección
de montaña de aproximadamente 600 metros de ancho, que contenía unos 110
millones de metros cúbicos de nieve y hielo.
La energía liberada fue comparable, de acuerdo con el
estudio, a la de un terremoto de magnitud 5,2. El impacto provocó además que
parte del hielo se derritiera y se transformara en una enorme corriente de
agua, rocas y sedimentos.
El alud recorrió más de 32 kilómetros y alcanzó velocidades
superiores a los 177 kilómetros por hora, destruyendo viviendas, puentes y
caminos en distintos sectores de la zona afectada.
El permafrost perdió capacidad de sostener la
montaña
Los especialistas explicaron que el permafrost, formado por
suelo que permanece congelado durante largos períodos, cumple una función
estructural en las zonas de alta montaña.
El hielo presente en las fracturas mantiene unidos sectores
de roca y suelo. Cuando se derrite, disminuye la resistencia de las laderas y
facilita que el agua penetre en el terreno, aumentando la inestabilidad.
A esto se sumó el retroceso de los glaciares registrado
desde 2010, que redujo parte del soporte natural de la pendiente donde se
produjo el colapso.
Temperaturas récord antes de la avalancha
El estudio también encontró señales vinculadas con el
aumento sostenido de las temperaturas en el Himalaya.
Desde la década de 1980, la línea que marca los 0 °C
ascendió aproximadamente 100 metros por década. Esto extendió los períodos
durante los cuales determinadas zonas permanecen expuestas al deshielo.
Durante julio y agosto de 2026 se registraron las
temperaturas más elevadas de la serie analizada en la zona. En los días previos
al desastre, los registros llegaron a ubicarse hasta 5 °C por encima del
promedio de los últimos 30 años.
No hubo una sola causa
Los investigadores remarcaron que la avalancha no puede
atribuirse a un único fenómeno. El desastre fue resultado de la interacción
entre procesos geológicos, hidrológicos y atmosféricos que se desarrollaron
sobre un terreno que ya atravesaba modificaciones.
La combinación de calor extremo, pérdida de hielo y
debilitamiento de la montaña creó las condiciones para que una enorme masa de
nieve y roca se desprendiera.
El estudio vuelve a poner bajo análisis el impacto de los
cambios ambientales sobre las regiones de alta montaña, donde el retroceso de
glaciares y el deterioro del permafrost pueden modificar las condiciones de
estabilidad del terreno y aumentar la exposición a nuevos deslizamientos.
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