Más de 40 pingüinos de Magallanes fueron trasladados desde
el ex Aquarium de Mar del Plata hasta la Fundación Bubalcó, en Río Negro, donde
tendrán un nuevo hogar permanente.
La decisión fue tomada por la Justicia en el marco de la
quiebra de Plunimar S.A., empresa que operaba el acuario marplatense hasta su
cierre en marzo de 2025. Los animales permanecían en el predio mientras se
definía su destino.
Una espera marcada por ofertas millonarias
El traslado llegó después de varios intentos fallidos de
venta de los pingüinos. Una empresa de México había ofrecido 750.000 dólares
por todos los ejemplares en junio de 2025.
Meses más tarde, un oceanario de China elevó una propuesta
de 950.000 dólares, pero la operación tampoco se concretó porque el depósito
acordado nunca llegó. También hubo negociaciones con un zoológico de San Pablo,
que ofreció 250.000 dólares por un grupo de entre 26 y 30 animales.
Además, durante el proceso se analizaron posibles
operaciones con compradores de Filipinas y Rusia, con una valuación cercana a
los 540.000 dólares. Ninguna de esas alternativas permitió resolver la
situación de los animales.
Bubalcó preparó un espacio especial
Ante la falta de acuerdos y los pedidos de organizaciones
proteccionistas, el juez Eduardo Malde, a cargo del Juzgado Nacional en lo
Comercial N°20, dispuso que los pingüinos fueran donados a la Fundación
Bubalcó.
El refugio, ubicado en la Patagonia, nunca había alojado
pingüinos y tuvo que adaptar sus instalaciones para recibirlos. Desde la
organización destacaron el trabajo realizado para ofrecerles un espacio
adecuado.
“Estos pingüinos de Magallanes estaban en Mar del Plata,
pero ya no era posible cuidarlos allí”, explicaron desde Bubalcó. También
señalaron que les generaba “mucho orgullo” haber preparado el nuevo hogar para
los ejemplares.
Los primeros días en su nuevo hogar
La llegada fue recibida con emoción por los integrantes de
la fundación. Los responsables del refugio observaron cómo los animales
comenzaron a explorar el espacio y protagonizaron sus primeros saltos al agua.
“Todavía no recorrieron ni un tercio de su nueva casa”,
contaron desde Bubalcó al describir las primeras horas de los pingüinos en las
nuevas instalaciones.
Los ejemplares nacieron y fueron criados en cautiverio, una
condición que impide su reinserción en el medio natural. Por ese motivo,
necesitan asistencia humana permanente para alimentarse y mantenerse con vida.
“Nuestro parque es eso: un refugio para aquellos que no
pueden vivir en su hábitat”, remarcaron desde la fundación.
Qué pasó con los otros animales del Aquarium
La situación de los pingüinos forma parte del proceso
iniciado tras la quiebra del antiguo Aquarium de Mar del Plata. Antes de este
traslado, cuatro lobos marinos —Ciro, Joaco, Nazareno y Mía— habían sido
destinados a Mundo Marino, en San Clemente del Tuyú.
En paralelo, seis ejemplares de otras especies quedaron
fuera de esta mudanza. Se trata de dos pingüinos rey y cuatro pingüinos
saltarines, cuya eventual venta internacional todavía era analizada por la
sindicatura judicial.
Desde Bubalcó agradecieron a los antiguos cuidadores y al
equipo que intervino en el traslado. “Ahora su hogar es acá donde vamos a
seguir aprendiendo junto a ellos”, expresaron, con la intención de que el
espacio pueda recibir en el futuro a otros animales que necesiten protección.
Con la llegada de los pingüinos a Río Negro, el refugio
asumió su cuidado permanente y puso fin a meses de incertidumbre sobre el
destino de los ejemplares. El proceso judicial, sin embargo, continuará con la
definición de la situación de los otros animales que permanecen vinculados al
expediente.
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