La actividad comercial de las pequeñas y medianas empresas
volvió a registrar números en rojo durante el octavo mes del año. Según el
último relevamiento oficial, las transacciones minoristas sufrieron un
retroceso del 2,7 por ciento en comparación con el mes de julio.
A su vez, el índice interanual marcó una leve baja del 0,2
por ciento. Con estos magros resultados, el sector comercial acumula una caída
del 2,4 por ciento en lo que va de 2026, consolidando una tendencia recesiva
que enciende alarmas en todo el país.
El impacto de los servicios en los bolsillos
Desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa
(CAME) explicaron que esta dinámica negativa responde a la marcada reducción
del poder adquisitivo. Los especialistas vincularon este deterioro económico
directamente a los recientes incrementos tarifarios y al creciente
endeudamiento familiar.
La entidad empresaria también destacó que el menor
movimiento posvacacional acentuó la cautela de los consumidores a la hora de
comprar. En este complejo contexto de pérdida de ingresos, los clientes
limitaron sus gastos casi exclusivamente a los productos indispensables.
Al evaluar la situación general del mercado, el 46,5 por
ciento de los dueños de negocios reportó un empeoramiento en sus condiciones
operativas. En contraste, apenas un 6,1 por ciento de los encuestados afirmó
haber experimentado mejoras reales en su volumen de ventas.
Los rubros más golpeados y el salto digital
El vital segmento de Alimentos y bebidas fue uno de los más
afectados del mes, registrando una baja interanual del 2,5 por ciento. Sin
embargo, el rubro de Bazar, decoración y muebles lideró las pérdidas con una
preocupante caída del 4,8 por ciento frente al año anterior.
En la vereda opuesta, cuatro sectores lograron cerrar el
período en terreno positivo. Perfumería destacó con un sorpresivo salto del
12,8 por ciento, seguido por Textil e indumentaria, que subió un 6,4 por
ciento. Además, las ventas online traccionaron fuertemente con un alza
interanual del 17,6 por ciento.
De cara al último cuatrimestre, casi el 58 por ciento de
las pymes descarta realizar nuevas inversiones debido al clima de
incertidumbre. El próximo desafío del sector minorista será sostener su
estructura operativa a la espera de una estabilización macroeconómica que
finalmente logre reactivar la demanda interna.
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