El fenómeno de El Niño atraviesa una etapa de fuerte
intensidad y continuará influyendo sobre el clima argentino durante los
próximos meses. El período de mayor atención se concentra entre la primavera y
el comienzo del verano.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) informó que existe
una probabilidad del 100% de persistencia de El Niño durante septiembre,
octubre y noviembre, con una intensidad prevista entre fuerte y muy fuerte.
El climatólogo del SMN José Luis Stella explicó que el
escenario había sido anticipado durante los últimos meses. “Se pronosticaba que
iba a ser un evento muy fuerte y en estos meses se fue confirmando”, señaló.
Las primeras señales ya aparecieron durante el invierno,
con modificaciones en la circulación atmosférica y distintos episodios extremos
registrados en el Cono Sur. Entre ellos se destacaron nevadas importantes en la
cordillera, lluvias en el Litoral y condiciones inusuales en sectores de la
Patagonia.
El norte del Litoral aparece como la zona más
expuesta
Dentro de Argentina, el noreste y el Litoral concentran
actualmente la señal más marcada de precipitaciones superiores a los valores
normales.
El pronóstico climático trimestral del SMN ubica al norte
del Litoral entre las áreas con mayor probabilidad de registrar lluvias por
encima del promedio durante septiembre, octubre y noviembre.
Stella señaló que esa región “es la clave” en la actual
etapa de El Niño. Sin embargo, advirtió que con el avance de la primavera la
posibilidad de excesos de lluvia podría extenderse hacia sectores del centro y
sur del país.
En particular, distintos pronósticos ubican a Misiones y el
norte de Corrientes entre las áreas que podrían recibir acumulados
excepcionalmente elevados durante septiembre. Algunas proyecciones contemplan
anomalías de entre 150 y 200 milímetros, que podrían llevar los registros
mensuales por encima de los 300 milímetros en determinados sectores.
Paraná, Paraguay y Uruguay: el riesgo también
llega por las cuencas
El impacto de El Niño no depende exclusivamente de cuánto
llueve en una determinada localidad. La situación de las grandes cuencas
hidrográficas también puede modificar el escenario para las poblaciones
ubicadas en zonas bajas.
Los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay se encuentran entre los
principales cursos que requieren seguimiento. Las precipitaciones registradas
aguas arriba pueden provocar aumentos de caudal y crecidas que impacten
posteriormente en zonas ribereñas.
El INTA advirtió sobre la posibilidad de situaciones de
riesgo para áreas rurales y productivas próximas a los cursos de agua y sus
tributarios.
Una mayor cantidad de agua en las cuencas puede generar
consecuencias sobre puertos, rutas, caminos rurales, barrios bajos y
establecimientos agropecuarios, incluso en lugares donde las lluvias locales no
sean las más intensas.
Buenos Aires y La Pampa también deberán seguir
el escenario
La influencia del fenómeno no quedará restringida al norte
argentino. El panorama climático para la primavera contempla condiciones entre
normales y superiores a lo habitual en diferentes sectores del centro y este
del país.
Buenos Aires, La Pampa, el sudoeste bonaerense y parte del
centro argentino aparecen entre las regiones que deberán mantener una
vigilancia especial frente a posibles períodos de lluvias frecuentes y
tormentas.
Otro factor relevante será la condición previa del suelo.
Cuando los perfiles se encuentran saturados o las napas permanecen elevadas,
disminuye la capacidad de absorción y aumenta la posibilidad de anegamientos
ante nuevas precipitaciones.
En las ciudades, esa situación puede traducirse además en
una mayor exigencia para los sistemas de drenaje y desagües pluviales,
especialmente cuando las lluvias se concentran en períodos breves.
El impacto sobre el campo no será igual en todo
el país
Para el sector agropecuario, el efecto de El Niño dependerá
de la región, las condiciones del suelo y el momento del ciclo productivo.
El INTA remarcó que los excesos hídricos no se distribuyen
de manera uniforme y que algunas zonas pueden incluso beneficiarse de una mayor
disponibilidad de agua.
El organismo señaló que “los extremos de excesos hídricos
se concentran sobre todo en determinadas zonas y cuencas”, por lo que el
seguimiento territorial será fundamental para anticipar posibles pérdidas o
complicaciones productivas.
La OMM anticipa una etapa fuerte hasta febrero de
2027
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también alertó
sobre la evolución del fenómeno y estimó que El Niño continuará fortaleciéndose
durante los próximos meses.
El organismo indicó que existe una probabilidad cercana al
100% de que el episodio persista hasta febrero de 2027, con posibles efectos
sobre las temperaturas y las precipitaciones en distintas regiones del planeta.
“El Niño está claramente establecido y se intensificará
hasta convertirse en un fenómeno muy fuerte en los próximos meses”, afirmó la
OMM, que advirtió sobre riesgos asociados a inundaciones, sequías y episodios
de calor extremo.
El fenómeno se produce por un calentamiento anómalo de las
aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental, que modifica
los patrones de circulación atmosférica y puede alterar las lluvias a miles de
kilómetros de distancia.
El monitoreo será clave durante la primavera
Los especialistas remarcan que la presencia de El Niño no
permite determinar por sí sola cuándo ni dónde se producirá una tormenta
severa. Los pronósticos estacionales establecen tendencias generales, mientras
que los fenómenos concretos deben anticiparse mediante herramientas de menor
escala.
Por eso, Stella destacó la importancia del seguimiento
permanente de las condiciones meteorológicas y de las alertas tempranas. “Ahora
lo importante es el monitoreo, el seguimiento de estos fenómenos, de posibles
fenómenos más severos o más intensos que puedan ocurrir”, afirmó.
También recomendó prestar atención a los pronósticos de una
y dos semanas, además de las actualizaciones mensuales, para identificar con
mayor precisión los períodos de mayor riesgo.
Argentina ingresa así en una primavera bajo una influencia
marcada de El Niño, con el norte del Litoral y las grandes cuencas como
principales focos de atención. La evolución de las lluvias, el estado de los
suelos y los niveles de los ríos serán determinantes para definir el impacto
concreto durante los próximos meses.
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