La Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó en primera
legislatura una reforma constitucional impulsada por el gobierno de Daniel
Ortega y Rosario Murillo que establece nuevas restricciones para participar en
elecciones y extiende de seis a siete años los mandatos de los principales
cargos públicos.
El texto todavía no entra en vigencia. La legislación
nicaragüense establece que las reformas constitucionales deben ser aprobadas en
dos períodos parlamentarios, por lo que el oficialismo deberá realizar una
segunda votación a partir del 18 de enero de 2027.
La iniciativa genera críticas de gobiernos de la región y
organismos internacionales, que cuestionan el impacto de los cambios sobre la
competencia electoral y las instituciones democráticas del país.
Qué establece la reforma constitucional
Uno de los puntos centrales impide acceder a cargos
electivos a personas que las autoridades consideren “golpistas” o “traidores a
la patria”.
La disposición también contempla a opositores que se
encuentran exiliados y que, de acuerdo con la interpretación del oficialismo,
apoyan sanciones internacionales, solicitan una intervención militar de Estados
Unidos o realizan acciones consideradas contrarias a la soberanía nicaragüense.
El dirigente parlamentario del Frente Sandinista de
Liberación Nacional (FSLN), Gustavo Porras, defendió la iniciativa y afirmó que
las personas alcanzadas por las nuevas restricciones son aquellas que hayan
“incurrido en actos que menoscaban la independencia, la soberanía y la
autodeterminación de Nicaragua”.
Además, la reforma eleva de seis a siete años la duración
de los mandatos de los copresidentes y de otros funcionarios elegidos por voto
popular. La misma extensión se aplicaría a los períodos de los jefes del
Ejército y la Policía.
El antecedente de los cambios de 2024
La modificación forma parte de una serie de reformas
constitucionales promovidas por el oficialismo en los últimos años.
En 2024, el Parlamento ya había extendido de cinco a seis
años el período presidencial y había incorporado formalmente a Rosario Murillo
como copresidenta, luego de que ocupara la vicepresidencia.
Aquella reforma también modificó el calendario electoral y
trasladó para fines de 2027 los comicios que estaban previstos originalmente
para 2026.
El nuevo proyecto llega después de que Ortega afirmara
públicamente, el 19 de julio, que “no volverá a haber elecciones” en Nicaragua
para evitar que la oposición “atrape el Gobierno”.
Rechazo internacional y una crisis que continúa
Las declaraciones del mandatario provocaron una reacción
internacional. La Organización de los Estados Americanos (OEA) convocó una
reunión extraordinaria de cancilleres para analizar la situación nicaragüense.
Estados Unidos, Costa Rica, Panamá, Guatemala, República
Dominicana, Chile, Bolivia, Brasil, Perú y Uruguay expresaron rechazo o
preocupación, al igual que la Unión Europea y organismos de Naciones Unidas.
Washington, además, pidió a la comunidad internacional
aumentar el aislamiento del gobierno de Managua, mientras distintos países de
la región calificaron las medidas como un nuevo retroceso institucional.
Ortega y Murillo buscan consolidar su poder
Ortega, que asumió en enero de 2022 un cuarto mandato
consecutivo tras unas elecciones cuestionadas internacionalmente, gobierna
junto a Murillo desde 2017.
El dirigente sandinista acumula casi dos décadas al frente
del país y se encuentra entre los gobernantes con mayor permanencia en el poder
dentro de América.
La crisis política se profundizó en abril de 2018, cuando
una ola de protestas contra el gobierno fue reprimida. Naciones Unidas estimó
que más de 300 personas murieron, mientras miles resultaron heridas y una gran
cantidad de nicaragüenses abandonó el país.
La segunda votación prevista para enero de 2027 será
determinante para definir si los cambios constitucionales quedan
definitivamente incorporados al marco legal. Si el oficialismo los ratifica,
las nuevas reglas modificarán el escenario electoral y ampliarán el período de
los principales cargos del Estado.
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