Estados Unidos anunció una nueva etapa de presión económica
contra Irán, con sanciones que el secretario del Tesoro, Scott Bessent,
calificó como “las más duras de la historia”.
El funcionario adelantó que las medidas serán detalladas el
próximo lunes y reclamó que otros países acompañen la estrategia de Washington.
El principal foco está puesto en China, el mayor comprador del petróleo iraní.
“Es un golpe doble. Tenemos el bloqueo y vamos a tener las
sanciones más duras de la historia”, afirmó Bessent durante una entrevista con
CNBC. El funcionario sostuvo además que la presión económica busca debilitar al
gobierno de Teherán.
El anuncio se conoció un día después de que el presidente
Donald Trump advirtiera que cualquier país que proporcione asistencia a Irán
podría enfrentar consecuencias económicas.
El petróleo iraní, en el centro de la disputa
La presión sobre China representa uno de los puntos más
delicados de la nueva estrategia estadounidense. Según datos de Kpler
correspondientes a 2025, Beijing adquiere más del 80% del petróleo que exporta
Irán.
Otras estimaciones citadas por Bloomberg ubican esa
participación por encima del 90%. Gran parte del crudo es comprado por
refinerías independientes chinas, conocidas como “teapot”, que tienen una
exposición limitada al sistema financiero estadounidense.
Bessent evitó confirmar si Washington sancionará
directamente a bancos o empresas chinas vinculadas con esas operaciones.
“Muchas conversaciones es mejor tenerlas en privado”, respondió al ser
consultado sobre esa posibilidad.
El secretario del Tesoro también señaló que China depende
del Golfo Pérsico para aproximadamente la mitad de su energía y consideró que
Beijing debería acompañar el plan estadounidense para facilitar la reapertura
del estrecho de Ormuz y reducir la presión sobre el precio del petróleo.
Una disputa que puede afectar a Washington y
Beijing
La relación comercial entre Estados Unidos y China agrega
otro elemento de tensión. Beijing es uno de los principales proveedores de
tierras raras para la industria estadounidense, materiales esenciales para
sectores tecnológicos y de defensa.
Por ese motivo, una eventual ofensiva contra entidades
financieras chinas podría generar nuevas fricciones entre las dos potencias y
afectar negociaciones previstas entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping.
Bessent, sin embargo, relativizó el impacto de las nuevas
medidas sobre los mercados. “Creo que los mercados petroleros están
malinterpretando lo que significa esta presión económica”, afirmó luego de que
el precio del crudo alcanzara su mayor nivel en más de tres semanas.
Irán enfrenta una economía cada vez más
debilitada
La estrategia estadounidense se desarrolla mientras Irán
atraviesa una situación económica compleja. El país acumula décadas de
sanciones internacionales y actualmente enfrenta una fuerte depreciación de su
moneda y una inflación que en julio superaba el 60% interanual.
Además, desde julio Washington mantiene un bloqueo naval
sobre los puertos iraníes y los accesos al estrecho de Ormuz, una de las
principales rutas para el transporte mundial de petróleo.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán comenzó el 28 de
febrero, cuando fuerzas estadounidenses e israelíes lanzaron ataques conjuntos
contra territorio iraní. Desde entonces, las tensiones militares y económicas
se mantienen como uno de los principales focos de riesgo para los mercados
energéticos.
China deberá definir hasta dónde acompañará a
Washington
Desde Teherán rechazaron las nuevas amenazas. El canciller
iraní, Abás Araqchi, acusó a Trump de utilizar la presión sobre Irán para
desviar la atención de los problemas financieros internos de Estados Unidos.
La Cancillería iraní también calificó las medidas
estadounidenses como “terrorismo económico”. Beijing, por su parte, todavía no
había respondido públicamente a las declaraciones de Bessent.
La definición de China será determinante para medir el
alcance de la nueva estrategia estadounidense: si Beijing mantiene sus compras
de crudo iraní, Washington tendrá dificultades para cerrar una de las
principales vías de ingresos de Teherán; si decide reducirlas, la presión
económica sobre el régimen podría aumentar significativamente.
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