La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de
Estados Unidos (NOAA) elevó al 95% la probabilidad de que El Niño alcance una
intensidad muy fuerte durante el trimestre octubre-diciembre de 2026.
El fenómeno climático ya muestra un marcado calentamiento
del Pacífico ecuatorial y podría modificar los patrones habituales de lluvias y
temperaturas en distintos puntos de Sudamérica.
El escenario también genera atención sobre la próxima
campaña agrícola, debido a que los cambios en las precipitaciones pueden
afectar cultivos, caminos rurales, disponibilidad de agua e infraestructura.
Un calentamiento oceánico que acelera el
fenómeno
La evolución del Niño 3.4, una de las principales regiones
utilizadas para monitorear El Niño, muestra un incremento sostenido de las
temperaturas superficiales del océano.
La NOAA ya había advertido en junio que El Niño estaba
presente y que podía intensificarse durante el segundo semestre. En ese
momento, el organismo estimaba un 63% de posibilidades de un evento muy fuerte
para noviembre-enero.
La intensidad de estos episodios se determina a partir de
períodos prolongados de temperaturas oceánicas anormalmente elevadas y de la
interacción entre el océano y la atmósfera. Por eso, los pronósticos pueden
modificarse a medida que avanza el fenómeno.
Qué puede pasar en América Latina
Un El Niño fuerte no significa que todas las regiones
sufran el mismo efecto. La respuesta climática depende de la ubicación y de
otros factores atmosféricos que interactúan con el fenómeno.
Entre los escenarios posibles aparecen lluvias más
abundantes, inundaciones y alteraciones en los períodos de sequía, con
consecuencias diferentes según cada zona.
Para la agricultura, la variabilidad puede repercutir sobre
las fechas de siembra, los rendimientos, el acceso al agua y la logística
necesaria para transportar las cosechas.
La atención puesta en Argentina
En Argentina, el monitoreo resulta especialmente relevante
de cara a la campaña agrícola 2026/27. Los cambios en el régimen de
precipitaciones podrían generar períodos de excesos hídricos en algunas
regiones y déficits en otras.
El impacto final todavía no puede determinarse con
precisión únicamente a partir de la intensidad de El Niño. Los especialistas
necesitan combinar la señal del Pacífico con los pronósticos regionales y
estacionales.
La propia NOAA señala que los episodios más fuertes no
garantizan impactos más severos en todos los lugares, aunque sí pueden aumentar
la probabilidad de determinados patrones climáticos.
El monitoreo continuará durante los próximos
meses
El avance del calentamiento oceánico será clave para
determinar si el fenómeno mantiene la trayectoria prevista y cuándo alcanzará
su máxima intensidad.
Mientras tanto, productores y autoridades deberán seguir
las actualizaciones climáticas para anticipar posibles escenarios de lluvias
intensas, inundaciones, sequías y alteraciones en la producción agrícola
durante los próximos meses.
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