Un grupo de investigadores italianos identificó
microorganismos en la famosa momia de hielo conocida como Ötzi, un hombre que
vivió hace unos 5.300 años en los Alpes. El hallazgo despertó el interés de la
comunidad científica porque algunos de esos microbios podrían mantenerse
activos pese al paso de los milenios.
El estudio, realizado por especialistas del Instituto de
Estudios de Momias de Eurac Research, en Italia, permitió distinguir tres
grupos diferentes de microorganismos presentes en la momia: los que formaban
parte de su organismo cuando estaba vivo, los que llegaron desde el glaciar
tras su muerte y aquellos incorporados durante las décadas de conservación en
un museo.
Qué encontraron los científicos
Los análisis incluyeron muestras de tejido, agua de
deshielo, hielo superficial y material del lugar donde fue hallado el cuerpo en
1991.
Entre los microorganismos detectados aparecieron antiguas
bacterias intestinales que ofrecen una ventana única para comprender cómo era
la microbiota humana durante la Edad del Cobre.
Además, los investigadores identificaron varias levaduras
adaptadas a ambientes extremadamente fríos. Algunas de ellas muestran señales
que sugieren una posible actividad reciente dentro del entorno de conservación
de la momia.
Según explicó el microbiólogo Mohamed Sarhan, uno de los
aspectos más llamativos es la capacidad de adaptación y supervivencia
demostrada por estos organismos a lo largo de miles de años.
El papel de las levaduras del glaciar
Las levaduras encontradas tienen vínculos genéticos con
microorganismos detectados en regiones polares y glaciares de distintas partes
del mundo.
Una de las especies analizadas aumentó notablemente su
presencia en la superficie de la momia durante los últimos años, un dato que
podría indicar que continúa desarrollándose bajo las condiciones controladas
del museo.
Los expertos destacan que estos microorganismos no deben
ser vistos únicamente como restos biológicos antiguos, sino como organismos
capaces de responder a cambios ambientales y competir con especies más
recientes.
Posibles aplicaciones para la industria y el ambiente
Más allá del interés arqueológico, el descubrimiento abre
posibilidades para futuros desarrollos tecnológicos.
Los investigadores ya realizaron pruebas con algunas de
estas levaduras en procesos de fermentación a bajas temperaturas, con
resultados considerados prometedores.
También estudian el potencial de ciertas especies para la
descontaminación de suelos y aguas afectadas por hidrocarburos en regiones
frías, donde los métodos convencionales suelen ser menos eficaces.
Una investigación que recién comienza
Aunque los resultados son alentadores, los especialistas
aclararon que todavía no pueden confirmar con absoluta certeza qué
microorganismos permanecen activos y cuáles están en estado latente.
Por eso, los próximos trabajos incluirán nuevas técnicas de
análisis genético y un monitoreo constante del microbioma de Ötzi. El objetivo
será comprender mejor cómo evolucionan estas comunidades microbianas y qué
impacto pueden tener tanto en la conservación de la momia como en futuras
aplicaciones científicas.
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