Las siestas pueden ayudar a recuperar energía durante el
día, pero especialistas advirtieron que dormir demasiado tiempo por la tarde
podría tener efectos negativos sobre la salud. Investigaciones recientes
asociaron las siestas prolongadas con un mayor riesgo de diabetes, enfermedades
cardíacas, depresión y trastornos del sueño.
La advertencia fue reforzada por expertos de la Escuela de
Medicina de Harvard Medical School, que señalaron que descansar más de 30
minutos durante el día puede alterar el descanso nocturno y generar
consecuencias físicas y mentales a largo plazo.
Qué descubrió el estudio sobre las siestas largas
Una investigación realizada en el Reino Unido analizó datos
de más de 80.000 personas y detectó que quienes dormían siestas extensas
presentaban un mayor riesgo de mortalidad en la adultez media y avanzada.
Especialistas explicaron que estos hábitos podrían ocultar
problemas de salud no diagnosticados, como apnea obstructiva del sueño o
insomnio crónico. Ambas condiciones están relacionadas con enfermedades
cardiovasculares y alteraciones metabólicas.
Además, los expertos remarcaron que la somnolencia excesiva
durante el día también puede reflejar inflamación persistente o deterioro
general de la salud.
Por qué dormir mucho de día puede ser perjudicial
Los médicos indicaron que una siesta superior a 30 minutos
facilita el ingreso a fases profundas del sueño. Eso provoca lo que se conoce
como “inercia del sueño”, una sensación de cansancio, desorientación y lentitud
mental al despertar.
Ese estado puede durar hasta una hora y afectar actividades
cotidianas, especialmente en personas que deben conducir, operar maquinaria o
tomar decisiones importantes tras despertarse.
Otro problema frecuente es que las siestas extensas alteran
el sueño nocturno. Esto genera un círculo difícil de romper: la persona duerme
mal de noche, necesita descansar de día y vuelve a perjudicar su descanso
nocturno.
Cuál es la duración ideal de una siesta
Los especialistas coinciden en que las siestas cortas son
las más saludables. El tiempo recomendado oscila entre 10 y 20 minutos, ya que
permiten recuperar energía sin ingresar al sueño profundo.
También sugieren realizarlas entre las 13 y las 16 horas,
momento en el que el reloj biológico registra una baja natural de la atención y
el cansancio.
Dormir más tarde podría interferir con el descanso nocturno
y empeorar la calidad del sueño.
Los factores que influyen en el descanso
La edad, el estado físico y los hábitos diarios también
influyen en el impacto de las siestas. Adultos mayores y personas con
enfermedades crónicas suelen ser más sensibles a los efectos negativos de los
descansos prolongados.
Los especialistas recomiendan prestar atención cuando la
necesidad de dormir durante el día se vuelve frecuente. En esos casos,
aconsejan revisar la calidad del sueño nocturno y consultar a un profesional
médico.
Mientras avanzan las investigaciones sobre sueño y salud,
los expertos insisten en que el descanso diurno puede ser beneficioso si se
realiza en horarios adecuados y por períodos breves. La clave, aseguran, está
en evitar que la siesta se convierta en un reemplazo del sueño nocturno.
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