La misión Artemis II encara su fase más delicada: el
regreso a la Tierra de la nave Orión, que debe soportar temperaturas extremas y
ejecutar un descenso de alta precisión para completar con éxito el viaje.
El amerizaje está previsto frente a la costa de San Diego a
las 21:07
(hora argentina) y representa el principal desafío técnico
de esta histórica misión tripulada alrededor de la Luna.
Un descenso extremo y sin margen de error
La cápsula ingresará a la atmósfera a más de 40.000 km/h,
generando un entorno de plasma que elevará la temperatura hasta cerca de 2.700
°C.
Este proceso implica una maniobra crítica: el ángulo de
ingreso debe ser exacto. Un desvío mínimo podría provocar rebotes en la
atmósfera o un impacto excesivo.
Durante varios minutos, la comunicación con la nave se
interrumpirá, uno de los momentos más tensos para el equipo en tierra.
El rol clave del escudo térmico
El escudo térmico es el componente central del descenso.
Está diseñado para resistir el calor extremo y proteger a los astronautas.
Luego de observaciones en la misión anterior, la NASA
ajustó la trayectoria para reducir el tiempo de exposición al calor y minimizar
riesgos.
El sistema está compuesto por múltiples capas que absorben
y disipan la energía generada durante el reingreso.
Paracaídas y amerizaje en el Pacífico
En la etapa final, la cápsula desplegará una serie de
paracaídas que reducirán drásticamente la velocidad antes del impacto con el
agua.
El objetivo es lograr un amerizaje controlado dentro de una
zona delimitada en el océano Pacífico, donde aguardan equipos de rescate.
El operativo incluye helicópteros, buzos y buques
preparados para asistir a la tripulación en pocos minutos.
Una misión clave para el futuro espacial
Artemis II marca un paso fundamental en el regreso de
vuelos tripulados a la órbita lunar tras más de cinco décadas.
La misión permitirá validar tecnologías y procedimientos
que serán utilizados en futuras expediciones, incluido el próximo alunizaje.
Si el descenso se completa con éxito, la NASA avanzará en
su plan de exploración que apunta a nuevas misiones lunares y, a largo plazo, a
Marte.
El resultado de esta etapa será determinante para el
cronograma de las próximas misiones del programa Artemis.
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