Las Fuerzas de Defensa de Israel realizaron una ofensiva
aérea a gran escala contra posiciones de Hezbollah en distintos puntos de
Líbano, con un saldo de al menos 182 muertos y más de 800 heridos, según
autoridades sanitarias locales.
El operativo, considerado uno de los más intensos desde el
inicio del conflicto, incluyó ataques simultáneos sobre infraestructura militar
y centros estratégicos del grupo armado.
Ataques coordinados en varias regiones
La ofensiva se desarrolló en múltiples zonas, entre ellas
Beirut, el valle de la Becá y el sur del país. En pocos minutos, se
bombardearon cerca de 100 objetivos vinculados a la estructura operativa de
Hezbollah.
Entre los blancos alcanzados se encuentran centros de
mando, instalaciones de inteligencia y sistemas de lanzamiento de misiles,
utilizados —según Israel— para ataques contra su territorio.
También fueron impactadas unidades consideradas clave
dentro de la organización, como fuerzas de élite y estructuras logísticas.
Operativo planificado y uso de inteligencia
El Ejército israelí informó que la operación fue preparada
durante semanas con apoyo de distintas áreas, incluyendo inteligencia militar y
la fuerza aérea.
El objetivo central, indicaron, fue debilitar la capacidad
operativa de Hezbollah y reducir su capacidad de ataque.
Las autoridades israelíes sostienen que muchas de estas
infraestructuras estaban ubicadas en zonas urbanas, lo que —según su versión—
complica las operaciones y aumenta el riesgo para la población civil.
Impacto humanitario y tensión regional
El Ministerio de Salud libanés confirmó que se trata de una
de las jornadas más letales del conflicto, con cientos de víctimas en pocas
horas.
El incremento de la violencia se produce en un contexto de
alta tensión en Medio Oriente, con la participación indirecta de Irán como
aliado de Hezbollah.
El gobierno israelí afirmó que continuará con las
operaciones para proteger a su población y evitar nuevos ataques.
Escenario abierto y riesgo de escalada
La magnitud de los bombardeos y el número de víctimas
profundizan la crisis humanitaria y elevan el riesgo de una escalada mayor en
la región.
Con frentes activos y negociaciones frágiles, el conflicto
entre Israel y Hezbollah se mantiene como uno de los principales focos de
inestabilidad global.
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