Estados Unidos acelera el despliegue de fuerzas en Medio
Oriente ante un eventual conflicto con Irán. Mientras la Casa Blanca mantiene
abierta la vía diplomática, el Pentágono reposiciona buques, aviones y sistemas
antimisiles para respaldar una posible ofensiva y proteger a sus tropas en la
región.
El presidente Donald Trump analiza alternativas militares
si fracasan las negociaciones por el programa nuclear iraní, aunque aún no tomó
una decisión final.
Reconfiguración militar en Medio Oriente
Actualmente, entre 30.000 y 40.000 soldados estadounidenses
permanecen desplegados en bases de once países de la región. Sin embargo, hasta
hace semanas, esas posiciones carecían de suficientes defensas aéreas ante
eventuales represalias iraníes.
Frente a ese escenario, el Pentágono inició una
reorganización estratégica. Entre los refuerzos se incluyen ocho destructores
con capacidad para interceptar misiles balísticos, submarinos equipados con
misiles de crucero Tomahawk y sistemas antimisiles terrestres Patriot y THAAD.
En el centro del dispositivo naval se encuentra el
portaaviones USS Abraham Lincoln, acompañado por buques de guerra desplegados
en el mar Arábigo, el golfo Pérsico y el mar Rojo.
Diplomacia bajo presión
Las conversaciones diplomáticas involucran a Estados
Unidos, Irán, Israel y países árabes, en un intento por evitar una escalada.
Tras reunirse con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, Trump reiteró
que prioriza la negociación, aunque sostuvo que todas las opciones siguen
“sobre la mesa”.
El foco del conflicto gira en torno al programa nuclear de
Irán, que Teherán asegura tiene fines civiles. Washington y sus aliados, en
cambio, sospechan de un posible desarrollo con fines militares.
Señales de preparación bélica
Además del grupo naval liderado por el Abraham Lincoln,
Estados Unidos ordenó el despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford hacia
Medio Oriente.
También se enviaron cazas F-15E adicionales y se elevó el
estado de alerta de bombarderos estratégicos B-2 con capacidad de ataque de
largo alcance.
Expertos militares sostienen que cualquier acción ofensiva
requerirá primero consolidar la defensa de bases en Qatar, Irak, Baréin, Kuwait
y Jordania, ante la posibilidad de ataques con misiles de corto y mediano
alcance.
Antecedentes que pesan
La tensión actual se inscribe en una relación marcada por
episodios previos, como el ataque estadounidense que terminó con la vida del
general iraní Qasem Soleimani en 2020.
Exjefes militares estadounidenses advierten que Irán podría
responder con fuerza ante una ofensiva directa, por lo que el refuerzo
defensivo resulta clave antes de cualquier decisión.
Escenario abierto
Por ahora, la Casa Blanca insiste en que no hay una
determinación adoptada. Sin embargo, el aumento del despliegue militar y la
reactivación de activos estratégicos reflejan que Washington busca estar
preparado ante un eventual fracaso diplomático.
Las próximas semanas serán decisivas para saber si la
tensión deriva en una negociación sostenida o en una nueva escalada en Medio
Oriente.
Con base en nota de: The New York Times
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