Las principales ciudades de Ucrania atraviesan una de sus
semanas más difíciles desde el inicio de la invasión, con apagones que se
extienden hasta 16 horas diarias tras una nueva ola de ataques rusos contra
instalaciones energéticas. La falta de electricidad golpea servicios esenciales
y complica la vida cotidiana en pleno invierno.
En Leópolis, el sonido de los generadores se volvió parte
del paisaje urbano. Comercios, edificios y viviendas dependen de equipos
alternativos para sostener sus actividades mínimas ante la inestabilidad del
sistema. Con temperaturas cercanas al punto de congelación, la calefacción y el
acceso al agua se volvieron bienes inestables para miles de personas.
Los habitantes intentan adaptarse como pueden. Irina,
empleada de una librería del centro, cuenta que trabajan con baterías
portátiles que se descargan con rapidez, mientras los clientes recorren los
pasillos iluminados con lámparas de mano. En los hogares, en cambio, la
situación es más precaria: muchos usan leña o recursos improvisados para
mantener algo de calor.
La red eléctrica opera al límite. Autoridades de Ukrenergo
confirmaron que los daños acumulados tras sucesivos ataques masivos dejaron
fuera de servicio líneas clave que conectan el este con los reactores del
oeste, generando un déficit estimado de varios gigavatios. Los expertos
advierten que, si la ofensiva continúa, los cortes podrían extenderse durante
todo el invierno.
Pese al escenario adverso, las comunidades buscan sostener
sus rutinas. Voluntarios en Leópolis organizan colectas para alimentar a
soldados, trabajadores remotos reorganizan sus horarios según los cronogramas
de apagones y las cuadrillas técnicas trabajan día y noche para recuperar
capacidad. La resistencia cotidiana se volvió un rasgo indispensable para
atravesar uno de los inviernos más complejos del país.
#Ucrania #Rusia #Apagones #Bombardeos #Guerra #Energía




