El último fin de semana largo
del año dejó un saldo alentador para el turismo argentino. Con 1.377.810
viajeros movilizados, el movimiento creció 43,5% respecto de 2023, impulsado
por escapadas cortas, decisiones sobre la hora y una oferta diversa que mantuvo
la actividad en niveles altos.
Según datos de CAME, el gasto
total ascendió a $249.370 millones, un 20,1% más que el año pasado, mientras
que el gasto diario por visitante alcanzó los $90.495, logrando una mejora real
del 8,8%. Aunque las estadías fueron más breves —en promedio dos noches—, la
circulación fue constante en todo el país.
Los destinos más convocantes
registraron ocupaciones cercanas al 70%, con picos superiores en ciudades como
San Rafael, Concordia, Catamarca y distintos puntos de la costa bonaerense. En
paralelo, la Ciudad de Buenos Aires recibió más de 107 mil visitantes y marcó
un impacto económico estimado en $27.300 millones.
El comportamiento del turismo
espontáneo volvió a ser determinante: muchas reservas se concretaron sobre la
marcha, acompañadas por agendas culturales, deportivas y gastronómicas que
ampliaron la oferta y diversificaron los públicos. El clima, aunque inestable
en algunos puntos, no logró frenar el movimiento.
Para el sector privado, el fin
de semana funcionó como un anticipo positivo de la temporada 2026. Con ocho
fines de semana largos que generaron más de $2,9 billones durante el año, los
operadores destacan que el verano dependerá de precios competitivos, conectividad
y opciones de financiamiento que permitan sostener la demanda.
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