La Argentina llevará su reclamo contra el Reino Unido al
Tribunal Internacional del Derecho del Mar, en Hamburgo, durante las audiencias
del 10 y 11 de noviembre. El objetivo es frenar el avance de la explotación de
hidrocarburos en las Islas Malvinas y evitar que se consolide una situación
irreversible antes de una resolución judicial.
En la Casa Rosada mantienen expectativas favorables sobre
el resultado de la presentación y anticipan que continuarán con la ofensiva
diplomática, jurídica y legislativa, independientemente de lo que resuelvan los
magistrados.
“Vamos por todo. Es histórico y estamos confiados”,
sostienen desde el Ejecutivo al referirse a una instancia que consideran
determinante para intentar detener el proyecto petrolero Sea Lion.
Qué reclama la Argentina ante el tribunal
internacional
La presentación busca que los jueces dispongan medidas
provisionales para impedir que las actividades hidrocarburíferas avancen
mientras se desarrolla el arbitraje internacional iniciado contra el Reino
Unido.
El procedimiento comenzó el 28 de septiembre, cuando el
país puso en marcha un reclamo bajo el Anexo VII de la Convención de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Posteriormente, el 13 de octubre,
solicitó una intervención urgente del tribunal con sede en Hamburgo.
La controversia está vinculada con las actividades de
exploración y explotación de recursos naturales en los espacios marítimos que
la Argentina considera bajo su jurisdicción.
El planteo apunta especialmente al proyecto Sea Lion,
impulsado por las compañías Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration en la
Cuenca Malvinas Norte.
Las empresas tienen previsto comenzar las perforaciones
durante 2027 y alcanzar la producción comercial en 2028. Para el Gobierno
argentino, la proximidad de esas operaciones hace necesario conseguir una
medida que impida avanzar con decisiones que puedan modificar de manera
irreversible la situación.
La discusión ante el Tribunal del Mar no resolverá la
disputa por la soberanía territorial de las islas. Su intervención se limita a
evaluar si corresponde adoptar medidas urgentes para preservar los derechos
invocados por la Argentina mientras continúa el arbitraje.
Cuándo podría conocerse la resolución
En el Gobierno calculan que el pronunciamiento podría
conocerse entre dos y cuatro semanas después de las audiencias. Esto ubicaría
una posible decisión entre la segunda mitad de noviembre y los primeros días de
diciembre.
Sin embargo, no existe una fecha oficial establecida. En la
administración nacional reconocen que el tribunal necesita tiempo para analizar
los argumentos de ambas partes antes de emitir una resolución.
Uno de los antecedentes que se sigue de cerca es el caso de
la Fragata ARA Libertad, retenida en Ghana en 2012. En aquella oportunidad, la
Argentina solicitó medidas provisionales el 14 de noviembre, las audiencias se realizaron
los días 29 y 30 de ese mes y el tribunal ordenó liberar el buque el 15 de
diciembre.
La decisión llegó 15 días después de las exposiciones,
aunque ese antecedente no implica que el procedimiento actual deba respetar los
mismos plazos.
La estrategia argentina incluye sanciones a
petroleras
La ofensiva oficial no se limita al ámbito judicial. El
Gobierno también prepara nuevas medidas contra las compañías y las personas que
participan en actividades hidrocarburíferas en el área de las islas.
Hasta el momento, se enviaron más de 180 notas de
desaliento a empresas y proveedores y se iniciaron procedimientos
sancionatorios contra 60 personas físicas y jurídicas.
No obstante, las penalidades definitivas todavía no fueron
aplicadas. La administración nacional considera que necesita ampliar las
herramientas legales disponibles para alcanzar a los distintos actores que
intervienen en estos proyectos.
Por ese motivo, el oficialismo busca avanzar con la Ley de
Defensa de la Soberanía Nacional, una iniciativa que ya obtuvo dictamen en la
Cámara de Diputados, pero que todavía enfrenta diferencias políticas.
El proyecto contempla un endurecimiento de las sanciones
contra las empresas involucradas y propone crear un Consejo de Seguridad
Nacional. La discusión legislativa continúa, especialmente en torno a sus
atribuciones y los mecanismos de control parlamentario.
Quiénes integrarán la delegación argentina
La representación nacional estará encabezada por María
Ibarzabal Murphy, secretaria Legal y Técnica de la Presidencia, junto con
funcionarios de Cancillería, el Ministerio de Economía y la Procuración del
Tesoro.
Entre los integrantes mencionados se encuentran Mario
Oyarzábal, Juan Ignacio Stampalija, Santiago Castro Videla y Betina Pasquali de
Fonseca.
También participarán especialistas en derecho
internacional, entre ellos Marcelo Kohen, quien tuvo intervención en el caso de
la Fragata ARA Libertad, además de Nico Schrijver y Agustín Giustiniani.
La delegación tendrá la responsabilidad de fundamentar el
pedido argentino y demostrar por qué considera necesaria una intervención
urgente para evitar que las actividades petroleras continúen avanzando.
El Gobierno también apunta a fortalecer su
presencia en el Atlántico Sur
En paralelo con las actuaciones judiciales y legislativas,
la administración nacional pretende ampliar las capacidades argentinas en el
Atlántico Sur.
Uno de los proyectos que continuará recibiendo
financiamiento es la Base Naval Integrada de Ushuaia, considerada por el
Ejecutivo una infraestructura estratégica para las operaciones logísticas y el
desarrollo de actividades vinculadas con la Antártida.
La decisión forma parte de una política que el Gobierno
pretende sostener más allá del resultado de las audiencias internacionales.
De esta manera, la Argentina busca combinar el reclamo
jurídico contra el Reino Unido con sanciones económicas, cambios legislativos y
una mayor presencia estatal en el extremo austral. La resolución del Tribunal
del Mar será el próximo paso de una disputa en la que el Ejecutivo pretende
impedir que la explotación petrolera avance mientras continúa la controversia
internacional.
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