El río Paraná podría experimentar una nueva suba durante la
primera semana de noviembre, como consecuencia de las intensas lluvias
registradas en el sur de Brasil. El ecólogo Juan José Neiff advirtió que los suelos
saturados y el aporte de otros ríos podrían agravar la situación en localidades
ribereñas.
Las lluvias en Brasil, bajo seguimiento
Las precipitaciones en Paraná, Santa Catarina y Río Grande
do Sul dejaron acumulados cercanos a los 300 milímetros en algunos sectores.
Esa cantidad de agua podría trasladarse progresivamente hacia la cuenca del
Paraná.
Neiff explicó que la evolución del nivel del río dependerá,
entre otros factores, de los aportes de los ríos Iguazú, Ivaí y Piquirí. Las
estimaciones del Instituto Nacional del Agua (INA) ubican la posible llegada de
una nueva onda de creciente a los puertos de la región durante los primeros
días de noviembre.
El escenario genera preocupación porque el Paraná ya supera
los niveles de evacuación en localidades como Corrientes, Paso de la Patria e
Itatí. Un nuevo incremento podría complicar a las poblaciones que viven cerca
de la costa y a los sectores productivos afectados por el avance del agua.
El Niño y las lluvias de los próximos meses
El especialista también se refirió a la posibilidad de que
el actual episodio de El Niño alcance una intensidad excepcional. Para explicar
el fenómeno, comparó el calor acumulado en el océano Pacífico con el registrado
durante la inundación de 1982-1983.
“Sí, porque si nosotros tenemos la cantidad de calor de
5,2º, que es el doble de la temperatura que tuvo el mar en la época del 82-83,
la cantidad de energía acumulada es enorme”, afirmó.
Sin embargo, aclaró que esa energía no permite anticipar
por sí sola la magnitud de las lluvias ni la altura que alcanzarán los ríos.
También intervienen la circulación de los vientos, las características del
terreno y la cantidad de agua acumulada en cada zona.
“¿Cómo se va a manifestar eso? Y depende de muchos
factores, depende del acoplamiento de los vientos alisios, depende de las
condiciones de cada sitio, de las pendientes, de la cantidad de agua
almacenada, de muchos factores”, sostuvo.
Por qué preocupa el tiempo que el río permanece
alto
Neiff señaló que el período comprendido entre noviembre y
abril requerirá especial atención por la posibilidad de nuevos picos de
creciente. No obstante, aclaró que esto no significa que las inundaciones vayan
a mantenerse de manera continua durante esos meses.
“Desde noviembre hasta abril es el peligro de nuevos picos
de creciente”, indicó.
Para evaluar el impacto de una inundación, el ecólogo
consideró que no alcanza con observar la altura del río: también es necesario
medir cuánto tiempo permanece por encima de los niveles de evacuación y cómo
evolucionan las lluvias en cada localidad.
Como antecedente, recordó que durante la creciente de
1982-1983 el Paraná se mantuvo por encima de los siete metros en la ciudad de
Corrientes durante ocho meses. “Una cosa es que usted tenga un centro de
evacuación que lo tenga que mantener 15 días o un mes, y la otra es que le
queden ocho meses”, explicó.
Los riesgos para las ciudades y el campo
Una inundación prolongada puede deteriorar caminos y
puentes, afectar las pasturas y obligar a los productores ganaderos a trasladar
o vender animales. En las zonas urbanas, las lluvias intensas también pueden
superar la capacidad de los desagües, sobre todo cuando los arroyos no logran
descargar el agua en los ríos principales.
Por ese motivo, el especialista planteó la necesidad de
planificar la asistencia para escenarios que se extiendan durante semanas o
meses, y no solamente para emergencias breves.
La evolución de las precipitaciones en Brasil, el aporte de
los afluentes y los próximos pronósticos hidrológicos serán determinantes para
conocer la magnitud de la posible crecida. Mientras tanto, las zonas ribereñas
deberán seguir de cerca los niveles del Paraná y las indicaciones de los
organismos de emergencia.
Con base en nota de: radio dos
#RíoParaná #Creciente #Inundaciones #ElNiño
#AlertaHidrológica




