La crecida del río Paraná mantiene en alerta a los
habitantes y productores de las zonas de islas y ribereñas de Empedrado, donde
cerca de 1.800 cabezas de ganado podrían quedar expuestas al avance del agua.
La falta de una embarcación para trasladar los animales agrava la situación y
preocupa al sector ganadero.
En el área afectada viven alrededor de 200 personas y
trabajan unos 50 productores, que necesitan llevar sus animales hacia terrenos
más elevados para reducir el riesgo de pérdidas.
La falta de una barcaza complica el traslado
del ganado
Uno de los principales obstáculos es la disponibilidad de
una embarcación adecuada para cruzar los animales hacia sectores seguros. La
barcaza privada que operaba en la zona dejó de prestar servicio en Empedrado y
fue trasladada a Entre Ríos semanas atrás.
Otra embarcación que podría utilizarse se encuentra
actualmente en Goya, pero su llegada al municipio demandaría aproximadamente
diez días. Esa demora genera preocupación entre los productores, que necesitan
anticiparse a posibles complicaciones por la subida del Paraná.
La situación obliga a buscar alternativas para organizar el
traslado antes de que las condiciones del río dificulten aún más las maniobras.
Preocupación por las pérdidas económicas
Ante la emergencia, el municipio trabaja en la búsqueda de
soluciones para coordinar el operativo y facilitar el traslado de los animales.
El objetivo es evitar que la creciente provoque pérdidas en una actividad
económica importante para los productores de la zona.
Mientras tanto, las autoridades municipales y provinciales
no autorizan que los ganaderos realicen los cruces por cuenta propia, debido a
los riesgos que implica movilizar animales en esas condiciones.
Sin embargo, algunos productores habrían intentado hacerlo
por temor a perder sus rodeos, en medio de la incertidumbre por la evolución
del nivel del río.
La evolución del Paraná será determinante
El panorama en Empedrado depende tanto del comportamiento
de la creciente como de la posibilidad de conseguir una embarcación en un plazo
que permita actuar a tiempo. La demora en la llegada de una barcaza mantiene
bajo presión a los productores que deben proteger sus animales.
Las gestiones para encontrar una alternativa continúan
mientras crece la preocupación en las zonas ribereñas. La disponibilidad de
medios para el traslado será determinante para reducir los riesgos sobre el
ganado y evitar consecuencias económicas para las familias rurales.
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